Absorbencia y victimismo
Llamamos absorbencia al deseo de atraer la atención de los demás para que satisfagan o complazcan los deseos y necesidades de uno mismo. La persona dominada por la absorbencia suele pensar sólo en sí misma y exige y obliga a los demás a que le presten atención. En la relación de pareja suelen exigir al cónyuge una atención casi en exclusiva, por lo que vulneran frecuentemente su libertad y su voluntad, al convencerle de que esta atención les corresponde por derecho, por el vínculo afectivo que hay entre ellos. Si no consiguen la atención de buen grado, suelen utilizar el victimismo para conseguirlo. 


El victimismo es un egosentimiento que caracteriza a aquella persona que busca atraer la atención de los demás hacia sí misma procurando despertar el sentimiento de lástima, que los demás se compadezcan de ella, con el propósito de someter a los demás a su voluntad o de aprovecharse de ellos. Está muy relacionado con la absorbencia, pues el victimista suele ser absorbente, porque exige la atención de los demás sin respetar su libre albedrío. También es cobarde, pues no lucha para avanzar, sino para conseguir que otros les substituyan en sus pruebas y responsabilidades. Es una forma de manipulación muy sutil, pues muchas veces la persona manipulada es absorbida sin darse cuenta. El victimista suele jugar con el sentimiento de culpa, es decir, procura que su víctima se sienta culpable si no accede a complacer o satisfacer sus demandas. Por ejemplo, suele utilizar la propia enfermedad para atrapar a los demás. Inventan dolencias o exageran las que tienen para eludir responsabilidades o para forzar a otros a que las asuman por ellos. Otro argumento que suelen utilizar para causar lástima y justificar su absorbencia es decir que su malestar está causado porque en la infancia no fueron queridos, cuando no es cierto que esta sea la principal causa de su malestar. En las relaciones de pareja, suelen buscar como cónyuges a personas complacientes, que accedan siempre a sus pretensiones. Se hacen voluntariamente dependientes del cónyuge con su forma de comportarse, pues simulan estar mal siempre, física o psicológicamente, para recibir una atención constante y que el otro cargue con todo. Este comportamiento acaba por asfixiar y extenuar al cónyuge, pues prácticamente no tiene vida propia, sino que su vida gira en torno a satisfacer y complacer al victimista en los más mínimos detalles, pues le convence de que no puede valerse por sí mismo. Ellos mismos alimentan su malestar y no quieren mejorar, pues lo utilizan como arma para atrapar. 


¿Cómo se superan la absorbencia y el victimismo?
Renunciando a controlar la vida de los demás y respetando su libre albedrío. Esto quiere decir que hay que tomar conciencia de que no se tiene derecho a exigir ni imponer nada a nadie y menos bajo el pretexto de tener algún vínculo afectivo con ella. Al mismo tiempo, es necesario vencer la cobardía, la pereza y la comodidad para enfrentar los problemas por uno mismo, en vez de buscar siempre a alguien de fuera que los resuelva. 


Los celos
Podríamos definir los celos como un desasosiego que padece una persona por el miedo de perder a alguien que considera de su propiedad. Los celos en la relación de pareja son característicos de la persona con apego activo, posesiva y absorbente, pues considera a la pareja de su propiedad y le exige una atención en exclusiva. Por ello se enfurecen cuando la pareja demuestra alguna atención o afectividad hacia otras personas. Los celos suelen manifestarse como una desconfianza permanente hacia la pareja y una obsesión recurrente con la idea de que la pareja le puede ser infiel. Esta obsesión lleva a ejercer un control exhaustivo sobre la vida de la otra persona bajo el pretexto de evitar posibilidades de infidelidad, y le hace tener animadversión hacia aquellas personas que se relacionen con su cónyuge, sobre todo hacia aquellos que considera como posibles competidores como pareja. Los celos pueden alimentar otros egosentimientos, que se emplean para ejercer un control sobre la vida del cónyuge, como la agresividad, la absorbencia, el victimismo o el despecho. El celoso durante la relación suele ser el despechado cuando ésta se rompe. La persona celosa refleja pobreza y debilidad de sentimientos. Primero, porque no presta atención a la felicidad del otro. Sólo piensa en satisfacer su deseo de dominación sin pensar en el gran daño que causa a la pareja. Segundo, porque no confía en que el vínculo de sentimientos sea suficiente para que se mantenga la unión de la pareja. Por eso recurre a la coacción y a la intimidación. Cuando hay amor verdadero se confía en los sentimientos y no hay temor de interferencias de terceras personas. Si aparece una tercera persona en la relación es síntoma de que los sentimientos que había eran pobres o que no existían. 


¿Cómo se superan los celos?
Los celos son síntoma de que no hay sentimientos, sólo apego activo. Los celos se superan reconociendo esta falta de sentimiento y reconociendo el propio apego activo. Para superarlo hay que renunciar al deseo de poseer al otro y respetar la libertad de sentimiento. Hay que tomar conciencia de que el amor verdadero es libre y no se puede forzar, surge espontáneamente y que es sobre esa base de ese sentimiento espontáneo libre y mutuo sobre la que se producirá la unión, sin necesidad de que exista una obligación o un esfuerzo por mantenerla. 


El resentimiento y el despecho
El resentimiento es un egosentimiento que se caracteriza por la animadversión hacia alguien que consideramos que nos ha perjudicado. Uno se siente herido en su amor propio, o en sus sentimientos y se siente justificado para perjudicar al que le ha hecho daño, porque espera una satisfacción de ese perjuicio. Existe un deseo de resarcimiento o venganza. Cuando la persona actúa por resentimiento tiene tendencia a perjudicar no sólo a aquellos que le han hecho daño, sino en general a todo el mundo, puesto que cuando el resentimiento se adueña de la voluntad de la persona, le hace creer que todos los actos de los demás hacia sí mismo tienen una intención oculta que tiene como objetivo perjudicarle. La persona resentida se vuelve desconfiada en extremo. 


Una variante del resentimiento es el despecho. En este caso es la animadversión hacia la pareja porque decide romper la relación. La persona despechada se siente herida en sus sentimientos porque considera que ha perdido algo que le pertenecía y encaja mal esa pérdida. Desea el sufrimiento para su ex pareja y suele actuar para perjudicarla. La persona se siente víctima y con derecho a hacer daño al otro, que considera causante de su mal. Su lema es: "Por lo que me has hecho sufrir te voy a hacer sufrir". La persona despechada utiliza todo aquello que considera un arma para resarcirse, el victimismo, la difamación, la manipulación, el chantaje, la amenaza, la coacción o la agresividad. Se cree justificada para emprender acciones que perjudiquen a la ex pareja, a través de agresiones, amenazas, falsas acusaciones de maltrato, deseo de desposeer al otro de los bienes materiales que ha habido en común, etc. Si hay hijos en común se les utiliza como arma arrojadiza, intentando impedir su relación con los hijos o dando mala imagen de la ex pareja a los hijos para que haya discordia entre ellos. Si la ex pareja tiene una nueva relación, también la nueva pareja puede ser objetivo del ataque del despechado, sobre todo si considera que su separación tiene que ver con esa nueva relación. 


¿Pero no es normal que cuando alguien es abandonado por su pareja se sienta mal?
Se puede sentir tristeza, decepción, frustración, soledad o nostalgia como consecuencia de la ruptura. Pero una cosa es sentir tristeza y otra bien distinta es desear el sufrimiento para el otro y actuar para hacerle sufrir. La persona despechada también refleja pobreza y debilidad de sentimientos, ya que el que ama verdaderamente jamás actúa para perjudicar al ser amado, ni aun cuando éste toma una decisión que uno no comprende. Y esto ocurre porque todavía no hay un respeto de la libertad de sentimiento, que le da a cada persona el derecho a decidir con quién quiere o no quiere mantener una relación. Si hubiera un respeto de la libertad de sentimiento se sufriría menos cuando se produce una ruptura de pareja y se haría sufrir menos a los demás. 


¿Cómo se supera el despecho?
Todo gira en torno a lo mismo, es decir, la superación del apego y el respeto a la libertad de sentimiento. Igual que dijimos en el caso del apego activo y los celos, hay que tomar conciencia de que nadie pertenece a nadie. No existe el derecho de propiedad sobre el cónyuge, y por ello no se tiene el derecho de decidir por él y menos de exigirle la continuidad de la relación si no es su voluntad. Por tanto, no hay ninguna justificación para actuar en su contra. 


La obsesión sentimental o fascinación
La obsesión en las relaciones personales hace referencia al deseo insatisfecho de conseguir o poseer a una persona que uno se ha puesto como meta. Si el deseo es fácilmente conseguible, una vez conseguido se pierde el interés. Pero si es costoso, se vuelve un reto. El deseo se incrementa y, al no verse satisfecho, se convierte en obsesión. Muchas veces esto no refleja un sentimiento verdadero, sino sólo una insatisfacción y una necesidad, que puede ser sexual y/o afectiva. Por ello, la obsesión hace perder el sentido de la realidad. La obsesión es característica de las personas caprichosas, que han vivido mucho tiempo centradas en satisfacer sus caprichos y cuando estos deseos no se cumplen se ofuscan en sí mismos. También las personas reprimidas, que tiene dificultades para expresar sus sentimientos, son objeto de la obsesión sentimental. Suelen fascinarse por la persona objeto de su deseo y crean una fantasía alrededor de ella que no se corresponde con la realidad, pero que alimenta ese deseo y también la esperanza de que si se consigue se puede llegar a ser feliz.



Continuará...

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Extracto del libro  "La ley del amor" - Las Leyes Espirituales II de  Vicent Guillem
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