La crítica deprime al espíritu; el elogio lo levanta. Reconoce tu Poder, reconoce a tu yo Dios. Todos somos expresiones de la Inteligencia Infinita. Cuando te desprecias, desprecias al Poder que te ha creado. Empieza por cosas pequeñas. Dite a ti mismo que eres una persona maravillosa. Si lo haces una vez y dejas de hacerlo, no funciona. Continúa, aunque sea un minuto cada vez. Créeme, a medida que lo vas haciendo resulta más fácil. La próxima vez que hagas algo nuevo o diferente, o algo que comienzas a aprender y no sabes muy bien cómo hacerlo, proporciónate aliento y apoyo. 

La primera vez que hablé ante un auditorio en la Iglesia de la Ciencia Religiosa fue tremendamente impresionante. La recuerdo con toda nitidez. Fue en una reunión de mediodía, un viernes. Los asistentes escribieron preguntas y las colocaron en una cesta para que la oradora, yo, las respondiera. Llevé la cesta al podio y contesté las preguntas, realizando un pequeño tratamiento después de cada una. Cuando acabé, abandoné el podio y me dije: «Louise, has estado fabulosa, teniendo en cuenta que ésta ha sido la primera vez. Cuando lo hayas hecho unas seis veces, serás una profesional». No me regañé diciendo: «Ay, olvidé decir esto o aquello». No quería que me diera miedo hacerlo la próxima vez. 

Si me castigaba la primera vez, me castigaría la segunda y finalmente sentiría terror de hablar. Dejé pasar unas dos horas antes de ponerme a pensar en lo que podía mejorar la próxima vez. En ningún momento me hice sentir mal. Me preocupé especialmente de elogiarme y felicitarme por ser maravillosa. Cuando ya había dirigido seis reuniones, era una profesional. Creo que podemos aplicar este método en todos los aspectos de nuestra vida. Continué hablando en las reuniones durante bastante tiempo. Éste fue un excelente campo de entrenamiento porque me enseñó a pensar mientras me dirigía al público. 
Permítete aceptar lo bueno tanto si crees que te lo mereces como si no. Ya hemos hablado de cómo  la creencia de que no somos merecedores es nuestra resistencia a aceptar el bien en nuestra vida. Eso es lo que nos impide tener lo que deseamos. ¿Cómo vamos a decir nada bueno de nosotros si creemos que no nos merecemos lo bueno? 


Piensa en las leyes de merecimiento que regían en tu hogar de la infancia. ¿Pensabas que valías lo suficiente, o que eras lo suficientemente inteligente, listo, alto, guapo o lo que sea? ¿Y para qué vives? Sabes que estás aquí por alguna razón, y ésta no es comprar un coche cada tantos años. ¿Qué estás dispuesto a hacer para realizarte plenamente? ¿Estás dispuesto a hacer afirmaciones, visualizaciones, tratamientos? ¿Estás dispuesto a perdonar? ¿Estás dispuesto a meditar? ¿Cuánto esfuerzo mental estás dispuesto a hacer para cambiar tu vida y convertirla en la que deseas? 

Extracto de "El poder está dentro de ti" - Louise L. Hay
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