La Ley del Péndulo indica que todas las cosas oscilan de un lado para otro, pero al llegar a un punto en una dirección cualquiera se produce una detención y empieza a ejercerse la fuerza opuesta. Lo vemos nosotros mismos al observar como un péndulo que se aleja cada vez más hacia la derecha, aminora su velocidad hasta que el movimiento se invierte y el, péndulo se aleja hacia la izquierda. Es   decir, los opuestos, si los denominamos "derecha" e "izquierda", tienen alternadamente poder.

 Cabe advertir que cuando el péndulo está del todo a la "derecha", la "derecha" es más débil y la izquierda empieza a tener poder, y viceversa. A veces se lo puede observar en una experiencia psicológica, como cuando un hombre se opone violentamente a algo y toma una actitud extrema, de pronto retorna al punto de vista opuesto.

Muchos de los fenómenos de las "conversiones" súbitas pertenecen a este vaivén del péndulo. Tenemos el caso de Pablo, que persiguió a la iglesia primitiva con la mayor energía y odio, y de súbito tuvo una experiencia que lo hizo tomar el rumbo contrario.

Ahora bien, en este punto, es preciso señalar que no es del todo fácil comprender las fuerzas opuestas y su manera de obrar, que es siempre doble y debido a ello exige un pensamiento doble. Pensamos en función de una cosa, comparándola con otra cosa.

No pensamos simultáneamente en función de dos cosas. Pensamos en función de una fuerza y hallamos que es difícil pensar en función de dos fuerzas e imposible pensar en función de tres fuerzas.

Ahora, sin embargo, hablamos de dos fuerzas, opuestas en su naturaleza, que gobiernan o limitan todas las cosas y que impiden demasiado exceso o demasiada carencia. Todos los fenómenos, todas las cosas visibles, todos los eventos, toda la vida terrenal, tienen lugar entre fuerzas opuestas, o polos opuestos, que ahora oscilan hacia este lado y después hacia aquel, de modo que la guerra sigue a la paz y la paz a la guerra, y la escasez sigue a la abundancia y la abundancia a la escasez, y así sucesivamente.

 En cuanto empecemos a darnos cuenta de ello, comprenderemos que el tiempo es diferente en diferentes tiempos. En pequeña escala notamos que si hoy pasamos un rato agradable, tal vez tengamos un mal rato mañana. Es en realidad la Ley del Péndulo; Esta idea se encuentra expresada en el Eclesiastés:

"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de lamentar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz." -  (Eclesiastés, III, 1.8.)

Adviértase que los opuestos son mencionados a todo lo largo del pasaje anterior y que su sentido es que en una parte del tiempo las cosas van bien y en la otra van mal —o en una parte del tiempo se planta y en la otra es absurdo plantar.

Basta imaginar lo que sucedería si fuera posible siempre plantar, o siempre nacer, o siempre edificar, o siempre llorar, y así sucesivamente.

El pasaje anteriormente citado significa que todo llega a su fin y se convierte en su opuesto en el tiempo.

He subrayado las últimas palabras: todo llega a su fin en el tiempo, de modo que una cosa es reemplazada por su opuesto. ¿Qué quiere decir el fin de una cosa? ¿Han pensado alguna vez en ello? El fin de la pena es la alegría, el fin del llanto es la risa, el fin, en efecto, de todo cuanto conocemos en esta vida de tiempo es su opuesto. .Como llamaremos el fin de esta guerra? Lo llamaremos paz —es decir, su opuesto. .Y cuál es el fin de la paz? De seguro es otra vez la guerra. .Y cuál es el fin del dolor?

¿Acaso no es este alivio del dolor para el cual no tenemos una palabra exacta? Es muy interesante pensar en las palabras que expresan realmente los estados opuestos.

Al vislumbrar la idea de que toda la vida descansa entre opuestos, empezamos a darnos cuenta de lo que controla los eventos y también de que la vida es controlada. Al llegar a esta etapa cabe decir que todo es el resultado de dos fuerzas opuestas que tienden a contrarrestarse la una a la otra y de este modo producen un equilibrio en todas las cosas.

Hallamos un ejemplo en el obrar fisiológico del cuerpo, donde parece que la salud fuera el resultado de un equilibrio de sistemas opuestos o antagónicos, químicos y de otra clase. Hipócrates, el antiguo medico griego, que vivió en el siglo V a. de C, enseñó que la salud era la armonía o equilibrio entre diferentes fuerzas o elementos y la enfermedad resultaba de que uno u otro de esos elementos llegaba a ser demasiado fuerte.

Cabe pensar que la salud fisiológica tiene una naturaleza similar —el resultado de dos o más factores en equilibrio.

En el antiguo templo sagrado de Delfos había dos inscripciones colocadas de tal modo que los que acudían a consultar el oráculo podían leerlas. Una la componían las famosas palabras:

"Conócete a ti mismo". La otra, menos conocida, era "Nada en demasía".

No significa demasía en el sentido de que un hombre no puede hacer o dar demasiado. El idioma griego no quería decir tal cosa. La frase significa: "Nada en exceso". Es preciso prestar atención  al orden de estos dos dichos. Primero un hombre debe conocerse a sí mismo y luego no debe ir a los extremos —es decir, se conoce a si mismo y conoce cuales son los extremos de sí.

Conocer lo que se es en sí necesita largos años de experiencia. El conocimiento de si implica, entre otras cosas, el conocimiento de los opuestos en uno mismo —es decir, llegar a ser consciente de ellos. Entonces se puede comprender y aplicar el segundo aforismo: "Nada en demasía”. 

Tomado de "Comentarios psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Oupensky"

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