Cuando pensamos positivamente y hablamos con amor, todo cambia. Desafortunadamente, por un virus adquirido a lo largo de la vida, a veces no somos ni siquiera capaces de hablar de manera positiva y menos aun de expresar los sentimientos.


En ocasiones esperamos momentos grandiosos y muy especiales para decirles a los seres queridos cuánto los amamos, pero tales oportunidades casi nunca llegan. Por ello, quiero proponer algo en apariencia atemorizante, pesimista o quizás irreal, pero fundamental en este proceso: imagina que en este momento suena el teléfono y te dicen que esos seres que tanto amas murieron en un accidente. Además del dolor que eso te causaría, profundicemos un poco más en los efectos secundarios. Probablemente, los primeros sentimientos serían de dolor por haberlos perdido para siempre, de impotencia por no haber podido evitarlo, y de remordimiento por no haber pasado más tiempo con ellos, escucharlos más y expresarles cuánto los amabas. Quizás sientas remordimiento también por no haberles perdonado sus fallas y equivocaciones.

Hoy, que aún tienes a tantos seres queridos vivos, aprovecha para expresar todo lo que sientes, aquello que proviene del corazón, y no te dejes influenciar por todas las palabras que escuchaste cuando eras pequeño, ya que si las analizas una a una, encontrarás que son las responsables directas de todas tus frustraciones, dolores, angustias y temores. Esas cadenas limitantes no te dejan actuar sino que te manipulan con el temor, pues son innumerables pensamientos de prevención y dudas que muchas veces no te han permitido gozar de paz interior y han sido la causa de que resultados que, pudiendo haber sido maravillosos, han salido mediocres.

De niños, con toda inocencia y sin perder nunca el asombro, frecuentemente oímos palabras dirigidas a nosotros o a nuestros amigos en este tono: “Usted no parece hijo mío, no sirve para nada, parece un idiota, me tiene loco, me desespera, es bruto, ¿por qué no piensa?”. Es muy importante identificarlas, agruparlas, saber de dónde vienen y hacia dónde te están llevando, ya que si comienzas a aceptarlas, identificarlas y abrazarlas sin resistencia podrás transformarlas en palabras llenas de sabiduría que dignifiquen tu vida. ¿Cómo puedes cambiar algo sin saber siquiera qué es? Tienes que llegar a la raíz del dolor, una semilla sembrada en tu mente que ha germinado llenando tu vida de dudas.

Si prestamos atención a una serie continua y permanente de palabras y eventos, provenientes de fuentes diferentes como la televisión, la radio, la prensa y el Internet, entre otras, nos daremos cuenta de que en ciertas ocasiones estamos recibiendo información negativa, morbosa y destructiva. Sin embargo, podemos diseñar unos mecanismos para filtrar aquello que perturba la paz interior, nubla el conocimiento, distorsiona la realidad y nos somete a vivir condicionados.

Por eso desde hoy, comienza a mirar cómo te estás relacionando con tus seres más queridos y observa muy bien qué palabras usas y cómo es tu comunicación con ellos. Recuerda que:

  • Debes saber hablar para que te escuchen.
  • Debes saber escuchar para que te hablen.
  • Siempre tus palabras deben ser más elocuentes y convincentes que el silencio.
  • Debes aprender a escuchar sólo la voz de tu conciencia.
  • Debes dejarte guiar por las intuiciones, los presentimientos y las percepciones.
  • No importa lo que te hayan dicho a lo largo de tu vida. Debes tomar conciencia de toda la información a que estás expuesto.
  • Debes tomar conciencia de todo lo que te dices a ti mismo y de lo que dices a los otros.



Autor: Jaime Jaramillo
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