El principio es sencillo, solo tienes que redirigir tu atención. Cuando la mente vagabundea, hay que centrarla en el aquí y ahora. El problema se presenta cuando la distracción no la producen pensamientos que van y vienen continuamente, sino resentimientos, irritaciones, miedos o deseos. Estos pensamientos tienen fuerza porque tu ego prefiere siempre entretenerte y controlarte. Esa es su mejor estrategia para que no puedas acceder a tu fuente inagotable de sabiduría y ecuanimidad.

Así que, cuando aparezca un pensamiento egoísta o destructivo, pon tu interés en lo que te está ocurriendo y redirige inmediatamente tu atención, cambiando este mal pensamiento o sentimiento por su contrario, en el mismo instante en que te das cuenta de que se está produciendo. Cuando te digas a ti mismo: “Esto es imposible, yo no puedo hacerlo”, piensa esto: “Puedo hacerlo. Lo voy a conseguir”.


Puedes ayudar a redirigir tu atención utilizando una “frase guía”, como una oración o la repetición de un mantra que te ayuden a encontrar tu verdadero centro. Ese lugar en el que siempre presientes lo que es bueno para ti y los demás.


Esta manera de reprogramarte te hará invencible cuando la ira o la depresión, o cualquier poderoso deseo de los sentidos traten de apoderarse de ti. Todos estos sentimientos juntos, en realidad no tienen fuerza por sí solos. Toda su fuerza reside en la atención que les prestes. Por lo tanto, sólo debes retirar tu atención de ellos de forma inmediata y, entonces, el pensamiento errático o cualquier sentimiento que parece que te atormenta y cualquier deseo que te empuje, en ese mismo momento carecerán de todo poder para obligarte a actuar en contra de ti y los demás. Si prestas atención y diriges bien tus pensamientos, siempre vencerás.

Si quieres poner al servicio de los demás el inmenso poder de tus pensamientos, entra en www.mindalia.com y ofrece ayuda o pide auxilio para ti o los tuyos, en la primera red social de ayuda altruista por el pensamiento.
Artículo Anterior Artículo Siguiente