57. TODO MUNDO DESEA SER IMPORTANTE. Lo estimen importante es uno de los deseos más fuertes y constantes de la persona. Demuéstrales a los demás que los considera personas importantes, personas que valen mucho. Le retomarán este favor amándolo más y demostrándole a su vez estimación.

No sea jamás de esas personas que van diciendo con su trato despectivo: "Usted no es nadie, no tiene importancia, no significa absolutamente nada para mí". Esas personas que no se interesan por los demás, son las que cosechan todos los fracasos en su trato con la gente.

Muchas miran a otra persona y piensan: "No puede hacer nada por mí, luego no es importante". Eso es un egoísmo rastrero y miserable. En cambio el cristiano piensa: "Todo el bien que yo hago a esta persona, lo recibe Cristo como hecho a él mismo, porque así lo prometió. Todo lo que hicisteis aun al más humilde, a Mi me lo habéis hecho" (Mt 25, 40). Ese era el secreto de San Francisco S. El cual, a uno que se admiraba de por qué lo trataba con tantísimo respeto y cariño, siendo que de él no iba a obtener favores ni regalos, le respondió: "Es que yo sé que todo lo que hago a una persona me lo recibe cristo como hecho a él".

Haga que la otra persona se sienta importante. Este es un secreto fabuloso para el éxito social. Déjese creer que esa idea es de ella. Salúdele siempre por su nombre. Interésese por lo que habla y por sus asuntos. Cuando usted ayuda a los demás a sentirse importantes, se está ayudando a usted mismo, porque ellos le devolverán su actitud y le considerarán también importante a usted.

La gente desea estar segura de que está haciendo una buena labor. Que es importante. Por eso no cree que prodigar alabanzas debe hacerse sólo en grandes circunstancias. Hay que hacerlo toda la vida. No pierda tiempo clasificando las personas importantes y no importantes. Todas son importantes. Si las clasifica como de segunda clase, obtendrá efectos de segunda clase.

La alabanza es poder. Difúndala entre los demás. Salomón decía: "Una palabra amable vale más que mil regalos".


Autor: Eliécer Sálesman

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