La música es una de las formas más rápidas de cambiar el estado de ánimo. Platón y Aristóteles ya debatían sobre el rol de la música para armonizar cuerpo y alma. Incluso Pitágoras decía que el ritmo musical  armonizaba el ritmo mental. Los místicos de la India y los chamanes de Rusia la usaban para controlar el dolor físico. Y, en la actualidad, como explica Colin Rose en Accelerated Learning, la ciencia está comprobando lo que durante muchos años fue una intuición: la música clásica y barroca puede lograr en sólo unos minutos la concentración mental y la calma física que se alcanza con semanas de prácticas meditativas.

La música barroca es ideal para el aprendizaje. Lo favorece y acelera.
Buscando crear una forma matemática ideal y armónica, compositores barrocos como Albinoni, Haendel, Vivaldi, Corelli, Telerman, Pachelbel, produjeron la frecuencia exacta que armoniza el cerebro para alcanzar un estado de «alerta relajado». Resulta interesante considerar que el objetivo de los compositores barrocos era crear un estado de ánimo que liberara a lamente de las preocupaciones mundanas.

Por su parte, la música clásica es muy benéfica para nuestro cuerpo y nuestra mente. Numerosas investigaciones, como las de Alfred Tomatis, dan cuenta de los efectos positivos de la música de Mozart. Se ha comprobado que las pulsaciones por minuto que tiene la música de Mozart cambian el estado del cerebro haciéndolo más receptivo. Se dice que alcanza con escuchar 10 minutos de su música para producir un cambio.

La música es una necesidad de nuestro sistema nervioso. Es una forma de coordinar nuestra respiración, el ritmo de nuestro corazón y nuestras ondas cerebrales. Es una herramienta poderosa para acelerar los procesos de aprendizaje y para que lo aprendido permanezca en nuestra memoria de largo término. La música nos ayuda a espantar nuestros temores y a ahuyentar nuestros miedos.

Verónica de Andrés - Confianza Total 

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