El diálogo interno es una de nuestras características más elementales. Cuando conocemos a las personas solemos fijarnos en cómo van vestidas, en el auto que manejan, en el reloj que usan. Con base en todas estas pistas externas, nos formamos una impresión del individuo.

Mi diálogo interno refleja el fuego de mi alma 
Pero este juicio precipitado no es más que el resultado de la conversación de nuestro ego consigo mismo. Esta voz, juzga constantemente esto y evalúa aquello. Este diálogo interno cumple una función importante: al elaborar juicios contribuye a la sobrevivencia: «Esta persona puede ser peligrosa». «Esta fruta puede hacerme bien». «Este puede ser un mal momento para pedir un aumento». Aunque es útil, esta voz puede hacerte creer que tú y ella son lo mismo, que sus objetivos son tus objetivos. Pero como hemos visto, hay otro lugar en tu interior donde reside el testigo silencioso. Éste es el lugar donde estableces contacto con el espíritu, donde la mente circunscrita da paso a la mente no circunscrita. Éste es el lugar al que puedes acceder a través de la meditación.

Diálogo interno y poder personal

La sincronización con el campo de inteligencia da como resultado el equilibrio físico, emocional y espiritual; nos brinda una fortaleza y flexibilidad que nos permiten superar sin esfuerzo cualquier reto. Adquirimos la capacidad de transformar los retos, de manera que nos enriquezcan y reunimos más fuerza al superarlos. Nuestro diálogo interno nos permite este gran poder, porque es, en realidad, el diálogo interno del campo de inteligencia consciente. Cuando estamos sintonizados con la conciencia universal, cuando estamos sincronizados con el campo de inteligencia no circunscrita, recibimos el poder que emana de su fuerza ilimitada. Este poder viene desde dentro y, cuando lo tenemos, no hay nada que no podamos hacer.


Hay dos clases de poder que emanan del ser. El primero es el poder adjudicado, que proviene de tener un nombre famoso, mucho dinero o un título impresionante. El poder adjudicado puede ser formidable, pero al fin y al cabo, se agota. El poder verdadero proviene del interior y su fundamento es espiritual y no material; es permanente y no muere con nuestro cuerpo. Con la adjudicación, la identidad y el poder provienen de alguna referencia externa: un objeto, una situación, un símbolo de estatus, una relación, el dinero. 
En el poder personal, la identidad resulta de escuchar al ser auténtico y el poder proviene de la referencia interna del espíritu. 

Cuando actúas con base en esta referencia interna, tu sentido del yo es diáfano y no se ve afectado por factores externos. Ésta es la fuente del poder personal. Cuando los factores externos dejan de influir en tu sentido del yo, te vuelves inmune a la crítica y la adulación. También llegas a entender que todos somos iguales porque estamos conectados con el mismo flujo de inteligencia consciente. Esto significa que comprendes que en esta vida no estás por debajo ni por arriba de nadie. No tienes que pedir, rogar ni convencer a nadie de nada porque no tienes que convencerte a ti.

Aunque todo esto suena maravilloso, muy pocos alcanzan este estado de referencia interna. Con demasiada frecuencia enturbiamos el mensaje al permitir la intervención del ego. Nuestros pensamientos, influidos por factores externos —preocupaciones económicas, estrés laboral, tensión en nuestras relaciones—, terminan entorpeciendo nuestro desarrollo espiritual y desviándonos en dirección opuesta a la que queremos seguir. 

Las mejores dos formas de vencer esa tendencia son la meditación y la práctica consciente del diálogo interno positivo. El diálogo interno positivo nos ayuda a avanzar en la dirección correcta, promueve la sincronicidad y fomenta el desarrollo espiritual. Con un diálogo interno positivo podemos crear poder personal.


Por ejemplo, supón que tu empleo actual no te satisface y quieres encontrar otro. Empiezas a hojear los periódicos y a hablar con amigos relacionados con tu profesión, pero nada sucede. Tal vez te sientas frustrado y tu diálogo interno concluya: «No hay nada para mí allá afuera». Observa y contrasta esa respuesta con un ejemplo de una parte muy distinta del mundo. Imagina que un cazador de la selva del Amazonas, tiene dificultades para hallar presas. Si acude con un chamán para buscar una solución, ninguno de los dos la buscará en otra parte que no sea el interior del cazador. Jamás se les ocurre decir algo como: «No hay nada para mí allá afuera», pues saben que los animales están ahí. El problema es que hay algo en el interior del cazador que evita que los encuentre, algo que los aleja. Así pues, el chamán le pide al cazador que participe en un ritual diseñado para cambiar lo que está en su corazón y mente, pues el corazón y la mente son los que controlan la realidad externa.

Cuando nos sorprendemos mirando al mundo y diciendo «no hay nada para mí allá afuera», tal vez debiéramos ver en nuestros corazones y decir: «Si no hay nada allá afuera, ¿hay algo aquí adentro?» Debemos examinar nuestro diálogo interno, para descubrir los sitios donde bloqueamos el flujo de energía consciente, con el fin de hacer a un lado el ego, apartarnos del camino y permitir que el fuego del alma resplandezca a través de nosotros.  
Los sabios védicos dicen que si tienes fuego en el alma, éste se refleja en el brillo de tus ojos. Se refleja espontáneamente en tu lenguaje corporal y en tus movimientos. Todo lo que piensas, sientes, dices y haces refleja ese mismo fuego. ¿Qué apariencia tiene? No hay reglas absolutas, pero el espíritu se refleja en expresión y comportamiento impecables que se abstienen de cualquier cosa que pudiera considerarse hiriente. 

El espíritu se refleja en confianza, felicidad, buen humor, audacia, amabilidad y consideración.

La calidad de tu diálogo interno resulta evidente para los demás de manera inmediata, aunque tal vez no la reconozcan como lo que es. Cuando practicas el diálogo interno positivo, las personas quieren establecer vínculos afectivos contigo, ayudarte, estar cerca de ti. Quieren compartir el amor, la conciencia y la dicha que resplandece en tus ojos, y que se refleja en cada uno de tus actos. Éste es el verdadero poder interior.



Extracto de "Sincrodestino" Deepak Chopa
Artículo Anterior Artículo Siguiente