Como bien saben muchas de mis lectoras, yo creo firmemente que las cosas que pensamos, las palabras que decimos y las creencias que tenemos son muy poderosas; dan forma a nuestras experiencias y a nuestra vida. Es como si cada vez que tenemos un pensamiento o decimos una palabra el Universo nos escuchara y nos respondiera. Así pues, si hay algo en nuestra vida que no nos gusta, tenemos el poder para cambiarlo. Tenemos el poder de nuestros pensamientos y palabras. Cuando cambiamos las palabras y los pensamientos, cambian también nuestras experiencias. Sea cual sea nuestro pasado, sea cual sea el ambiente del que procedemos, por difícil que haya sido nuestra infancia, hoy podemos hacer cambios. Esta es una idea muy poderosa y liberadora, y si creemos en ella se convierte en realidad. En mi opinión, esta es la forma en que resolvemos todos nuestros asuntos y problemas. Primero efectuamos el cambio en la mente y entonces la vida nos responde conforme a ello.

Lo que hacemos continuamente es vivir nuestro pasado. Lo que estamos viviendo en estos momentos es lo que nos hemos creado con las creencias y pensamientos del pasado. Así, si en nuestra vida hay algo que no nos gusta, tenemos la opción de recrear nuestras experiencias del futuro. Cuando comenzamos a cambiar nuestra manera de pensar, es posible que no se produzcan muchos cambios positivos de inmediato, pero si continuamos con nuestra nueva forma de pensar, veremos que el mañana se va haciendo diferente. Si queremos que el mañana sea positivo, hemos de cambiar nuestros pensamientos hoy. Los pensamientos de hoy crean las experiencias de mañana.

Muchas personas me preguntan: «Cómo puedo pensar de modo positivo si estoy rodeado de personas negativas?». Cuando estoy con alguna persona que dice cosas negativas, digo para mis adentros: «Eso podrá ser cierto para ti, pero no para mí». A veces incluso lo digo en voz alta. Esta actitud permite a la otra persona ser todo lo negativa que quiera mientras yo continúo fiel a mis creencias positivas. Hago lo posible por evitar a ese tipo de personas. Una podría preguntarse por qué está siempre rodeada de personas negativas. Tengamos presente que no podemos cambiar a nadie. Cada persona sólo puede cambiarse a sí misma. Cuando cambiamos en nuestro interior los demás reaccionan a ese cambio. Lo más importante que podemos hacer es cambiar nuestra forma de pensar. Por muy ocupados que estemos o por arduo que sea el trabajo, siempre podemos pensar, y nadie puede meterse en nuestros pensamientos. Me gustaría que todos introdujéramos en nuestro vocabulario la palabra neuropéptidos. Esta palabra, acuñada por Candace Pert en su investigación del funcionamiento del cerebro, da nombre a los «mensajeros químicos» que viajan por el cuerpo siempre que tenemos un pensamiento o decimos una palabra. Cuando los pensamientos son de rabia, juicio o crítica, las substancias químicas que producen deprimen el sistema inmunitario. Cuando los pensamientos son de amor, positivos y llenos de fuerza, esos mensajeros llevan otras substancias químicas que estimulan y fortalecen el sistema inmunitario. Por fin la ciencia está confirmando lo que muchos ya sabíamos desde hace años: que existe una conexión cuerpo-mente. Esta comunicación entre la mente y el cuerpo jamás cesa, no duerme. La mente está continuamente transmitiendo los pensamientos a las células del cuerpo.

Así pues, a cada momento, estamos eligiendo, Consciente o inconscientemente, pensamientos sanos o pensamientos dañinos. Estos pensamientos afectan al cuerpo. Un solo pensamiento no ejerce sobre nosotros gran influencia. Pero todos tenemos más de sesenta mil pensamientos al día y el efecto de esos pensamientos es acumulativo. Los pensamientos tóxicos envenenan el cuerpo. En la actualidad la ciencia está confirmando que no debemos entregarnos a pensamientos negativos, ya que eso nos enferma y nos mata.

Durante mucho tiempo no entendí la expresión: «Todos somos uno; todos somos creados iguales». Para mí eso no tenía ningún sentido. Yo veía que había ricos y pobres, gente guapa y gente fea, personas inteligentes y personas tontas, diferentes colores, diferentes razas, muchísimas religiones y formas de considerar la vida; veía muchísimas diferencias. ¿Cómo entonces se podía decir que todos somos creados iguales?

Finalmente aumentó mi comprensión y me di cuenta de lo que esa frase significaba. Atribuyo el mérito de ese nuevo grado de comprensión a la escritora y conferenciante Caroline Myss. Verás, los pensamientos que pensamos y las palabras que decimos nos afectan a todos por igual. Los neuropéptidos, esos mensajeros químicos que viajan por nuestros cuerpos cada vez que pensamos o hablamos, inciden en todos nosotros de la misma manera. Un pensamiento negativo es tan tóxico para un cuerpo estadounidense como para uno chino o italiano. La rabia es tan tóxica dentro de una persona cristiana como dentro de una judía o una musulmana. Hombres, mujeres, homosexuales, heterosexuales, niños, ancianos, todos reaccionamos de la misma manera a los neuropéptidos creados por nuestros procesos de pensamiento.

El perdón y el amor son sanadores para todos, sea cual sea el país donde vivimos. Todas las personas de este planeta necesitamos sanar nuestros espíritus primero para poder sanar permanentemente nuestros cuerpos. Hemos venido aquí a aprender las lecciones del perdón y del amor hacia nosotros mismos. Ninguna persona, viva donde viva, puede escapar de estas lecciones. ¿Te niegas a aprender esas lecciones e insistes, por el contrario, en sentirte agraviada y amargada? ¿Estás dispuesta a aprender a perdonar a los demás y a perdonarte a ti misma? ¿Estás dispuesta a amarte y a entrar en la riqueza y plenitud de la Vida? Esas son las enseñanzas de la Vida, y nos afectan a todos por igual. Todos somos Uno; todos somos creados iguales. ¡El amar nos sana a todos! (A aquellas que estéis dispuestas a trabajar a un nivel espiritual profundo os recomiendo leer el libro de Caroline Myss Anatomía del espíritu. La información que ofrece en este libro es fenomenal.)

Así pues, ¿qué tipo de pensamientos tienes en este momento? ¿Qué tipo de neuropéptidos están viajando por tu cuerpo? ¿Tus pensamientos te están haciendo enfermar o sentirte bien? Somos demasiadas las personas que nos quedamos de brazos cruzados en nuestra prisión de indignación o rencor justiciero, creada por nosotros mismos. No hemos entendido que la acusación causa más estragos en el acusador que en el acusado. Los neuropéptidos que llevan los pensamientos acusadores por el cuerpo van envenenando lentamente nuestras células.

No hay que olvidar tampoco que nuestro ego negativo siempre desea mantenernos esclavizados y desgraciados. El ego negativo es esa-voz que siempre nos dice «un bocado más, toma otro trago más, fuma un porro más, hazlo una vez más». Pero no somos nuestros cuerpos ni nuestros pensamientos ni nuestros egos. Poseemos nuestros cuerpos. Somos la mente pensante, la que tiene los pensamientos. Cuando nuestro respeto, dignidad y autoestima son fuertes, jamás cedemos a la voz del ego negativo. Somos mucho más de lo que creemos ser.

Ahora quiero que te levantes, cojas el libro y te pongas delante de un espejo. Mírate a los ojos y di en voz alta: «Te quiero, y desde este mismo momento voy a empezar a hacer cambios positivos en mi vida. Día a día iré mejorando mi calidad de vida. Me siento a salvo siendo feliz y realizada». Di esto unas tres o cuatro veces, sin dejar de respirar profundamente entre una y otra frase. Observa qué pensamientos pasan por tu mente cuando haces esta afirmación positiva. Si son negativos, deséchalos, no son más que vieja retórica. Diles: «Gracias por decírmelo». Puedes reconocer los pensamientos negativos sin darles poder. De ahora en adelante, siempre que veas un espejo, mírate a los ojos en él y di algo positivo. Si tienes prisa, simplemente repite: «Te quiero». Este sencillo ejercicio producirá fabulosos resultados en tu vida. Si no me crees, pruébalo. 

Extracto del libro de Louise L. Hay - "Vivir"
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