Aunque adoptar una actitud crítica a la hora de pensar y hablar de los demás puede proporcionarnos unos instantes de diversión o una sensación fugaz de superioridad, es un pasatiempo peligroso.

Al igual que quejarse, criticar puede convertirse fácilmente en un hábito, en una desagradable tendencia que te hará perder los amigos y te creará enemigos.

Lo más peligroso en incidir constantemente en los defectos ajenos es que la manía de criticar parece cobrar vida propia.

Anda continuamente a la caza de víctimas, y cuando no encuentra a nadie a tiro, apunta el cañón hacia ti mismo.

Por tanto, aunque tus críticas se dirijan en primera instancia hacia los demás, acabarás midiéndote a ti mismo por el mismo rasero y a la larga te convertirás en tu peor enemigo.


Afirmación Positiva: 

"Yo soy el principal beneficiado si pienso y hablo bien de los demás"




Extracto de "52 cosas que puedes hacer para elevar tu autoestima" de Jerry Minchinton
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