¿Y por qué hay padres que dicen que prefieren una educación con más disciplina, si no es cierto que sea más eficaz?
Mira, lo que ocurre es que muchas veces el problema no lo tienen los hijos sino los propios padres, porque muchos padres no conocen los sentimientos de los hijos ni sus necesidades afectivas. Padecen de ignorancia sentimental. Creen que con alimentar los hijos, llevarles al médico cuando están enfermos, proveerlos de lo que necesitan a nivel material y conseguir que estudien en un buen colegio para que tengan una buena formación lo tienen todo hecho como padres. Todavía les falta algo fundamental, y es atender el cuidado emocional de sus hijos. Es triste observar cómo a muchos padres les molestan sus propios hijos y por ello no dedican tiempo a compartir con ellos ni les expresan cariño ni comprensión. Más bien se agobian cuando están con ellos, les irrita todo lo que hacen y no les prestan atención. Además hay una tendencia muy común en algunos padres de valorar a los hijos en función de sus méritos académicos. Algunos padres sólo se preocupan de los hijos si sacan malas notas o si se ponen enfermos.

Eso hace que los niños se sientan poco queridos e intenten llamar la atención de los padres. Pueden utilizar como táctica bajar su rendimiento académico porque saben que de esta manera los padres les prestarán atención. O simplemente sucede que los niños se sienten tan mal emocionalmente que pierden el interés por todo, incluso por los estudios. Debido a la ignorancia y la falta de atención hacia los hijos los padres creen que el problema de sus hijos es que son perezosos en los estudios y que necesitan ir a una escuela donde se imponga más disciplina, con docentes más autoritarios que les obliguen a estudiar más. Y el problema no está en la escuela sino en la falta de atención por parte de los padres.

¿Pero hay algo de malo en desear que los hijos estudien, para que cuando sean mayores tengan un medio con el que ganarse la vida?
No hay nada de malo en desear que los hijos estudien. Pero no se debe utilizar esto como argumento para quererles más o menos.

Si sólo se les valora si son inteligentes y buenos estudiantes los niños pueden tener problemas con su autoestima y además sentirse excesivamente presionados con los estudios. A los hijos hay que amarlos incondicionalmente tal y conforme son y atenderlos emocionalmente para que puedan ser felices.

A veces también ocurre que el adulto pretende que el niño se amolde a unas reglas que son absurdas, ya que limitan enormemente su libertad y espontaneidad y entonces el niño se rebela contra esas normas que considera injustas. Es absurdo pedirle a un niño que no juegue o se esté quieto permanentemente. Como son injustas es imposible sostenerlas mediante el razonamiento, por lo que algunos padres recurren a la imposición y a la coacción.

¿Entonces hay que permitir que los hijos hagan todo lo que quieran, aunque lo que quieran sea pernicioso para ellos mismos o para los demás?
Todo no. Utilizad el sentido común. Cada cosa a su debido tiempo. La libertad y responsabilidad del niño debe ir aumentando a medida que se va haciendo mayor y va adquiriendo mayores capacidades. Cuando el niño es pequeño no es consciente de muchos de los peligros, no se le puede dejar solo en la calle sin supervisión, pues puede cometer imprudencias como cruzar la calle sin mirar. Hay que ir enseñándole progresivamente lo que es peligroso para él y lo que lo es para los demás. Hay que enseñarle a que respete a los otros niños, a que no pegue, no insulte, a que asuma las responsabilidades propias de su edad, como hacer los deberes, recoger sus juguetes cuando termine de jugar, etc. Ni más ni menos de lo que un niño puede asumir en función de su edad, siempre intentando ser con él respetuoso, comprensivo, cariñoso y paciente, y respetando su libertad y su sensibilidad.

¿Pero dónde está el límite? Por ejemplo, si el niño no quiere ir al colegio, o hacer los deberes, ¿hay que obligarle o dejarle estar?
Utilizad vuestro sentido común. En vez de intentar obligarles por la fuerza a hacer las cosas, conversad con ellos, habladles de la importancia que tiene el aprendizaje, estimuladles, compartid con ellos el momento de hacer los deberes, hacédselo divertido y ameno y veréis que el niño responde mucho mejor que si se le impone por la fuerza.

¿Y cómo podemos hacer para que el niño aprenda aquello que le es necesario pero que a la vez es aburrido o tedioso?
Haced que sea divertido y compartid ese momento con él, que se sienta atendido y apoyado en lo que está haciendo, pues esto le estimula a seguir. Ya hemos dicho que los niños se divierten jugando y a través del juego se les pueden enseñar muchas cosas sin que les resulte tedioso, y así será él mismo el que desee aprender porque le será divertido el aprendizaje.

¿Cómo debe ser la educación en casa, en la familia?
Dedicad tiempo a estar con vuestros hijos, a jugar con ellos, a dialogar sobre sus cosas, sobre sus problemas y preocupaciones. Estad siempre abiertos a responder a sus preguntas. Pensad que ellos están descubriendo el mundo y que para aprender necesitan preguntarlo todo, aunque a vosotros os pueda parecer obvio, para ellos no lo es y si observan que os burláis se reprimirán. Tened mucha paciencia con ellos. Permitidles el juego siempre que se pueda porque para el niño el jugar es su vida y si se le impide jugar se le hace mucho daño. Demostradles continuamente vuestros sentimientos de forma expresiva, con palabras, con besos, caricias y abrazos. Permitidles que desarrollen su personalidad con libertad, no les impongáis la que a vosotros os gustaría que tuvieran. Amadlos tal y conforme son y ayudadles a que vayan puliendo poco a poco su egoísmo y a que desarrollen su sensibilidad y afectividad sin cortapisas. No permitáis que vuestros problemas y preocupaciones de adultos, que nada tienen que ver con ellos, interfieran en su vida

¿Pero no hay veces que si se es demasiado benevolente con el niño éste se vuelve exigente y caprichoso y utiliza el pataleo y la rabieta para salirse con la suya? ¿Qué se puede hacer en estos casos?
Es cierto que hay padres que permiten que los niños hagan hasta aquello que es peligroso para ellos y acceden a todos su caprichos, por dejadez, por debilidad de carácter o por no escuchar más la queja del niño, y esto hace que el niño se vuelva exigente y caprichoso y que utilice su astucia para doblegar la voluntad de los padres. En esos casos actuad con firmeza, no cedáis al chantaje que el niño intenta hacer pero no respondáis nunca con violencia ni agresividad. Cuando actúe de forma déspota es cuando menos caso hay que hacerle. Si él observa que cuando actúa de esa manera se le ignora y no consigue nada de lo que exige se cansará con el tiempo. Ayudadle a que tome conciencia de sus propias actitudes egoístas mediante el diálogo y la reflexión.

¿Alguna recomendación a los futuros padres?
Sí, que procuren concebir a sus hijos con amor, para que estos vengan al mundo con la seguridad de que van a ser amados, atendidos en todos los aspectos de su vida, sobretodo en el emocional. Os aseguro que si los niños que vienen al mundo fueran concebidos con amor el sufrimiento del mundo disminuiría enormemente.

Creo que las cosas han mejorado en la actualidad respecto a épocas anteriores. Me refiero a que los padres de la actualidad son más conscientes de las necesidades de los hijos, ¿me equivoco?
Es cierto que ha habido cierto nivel de avance. En épocas anteriores, los niños venían al mundo mayoritariamente por la ignorancia e inconsciencia de los padres. Eran niños traídos al mundo sin un deseo explícito de los padres. Venían accidentalmente, porque las parejas mantenían relaciones sexuales sin ningún tipo de anticoncepción, pues no había ni los medios ni la formación que actualmente existe. Por eso traían al mundo tantos hijos como biológicamente les era posible, y esto traía como consecuencia que los hijos vinieran al mundo muchas veces en circunstancias materialmente muy difíciles. La única preocupación que se planteaban la mayoría de padres respecto a sus hijos era la de procurar su supervivencia, mientras que el cuidado emocional era escaso o nulo. No eran las mejores condiciones para venir al mundo, pero ya que les es necesario a los espíritus encarnar en el mundo material para aprender y evolucionar, aprovechaban cualquier oportunidad que se les brindaba. La sensibilidad de esos espíritus estaba menos desarrollada que ahora, tanto en padres como en hijos, y aunque los hijos recibieran poca atención emocional y sentimental, su sufrimiento estaba atenuado también por la escasa sensibilidad.

En la actualidad, en muchos países, sobre todo de Occidente, las cosas han cambiado. El porcentaje de niños que viene al mundo accidentalmente, sin voluntad de los padres, ha disminuido. Muchos ya son concebidos con la voluntad y conciencia de los padres de querer tenerlos. Al existir un mayor bienestar económico en Occidente y no tratarse de una prole numerosa, la supervivencia y las atenciones materiales de los hijos están garantizadas por los padres. Serán niños que no pasen ni hambre, ni sed, ni frío, ni enfermedades provocadas por la desnutrición y la falta de higiene. Pero sigue faltando algo fundamental, que es el concebir a los hijos por amor y con amor. Todavía mayoritariamente los hijos son concebidos por motivos distintos al amor.

¿Cuáles son esos motivos distintos al amor que empujan a los padres a tener hijos?
Muchas veces se hace porque hay como una especie de obligación de continuar el linaje familiar, o por la conveniencia de que los hijos atiendan a los padres cuando éstos sean mayores. Hay parejas que llegan a cierta edad y siguen sin desear tener hijos porque eso les implica hacer unos cambios en su vida a los que no están muy predispuestos. Pero los tienen igualmente porque biológicamente sus posibilidades de concebir disminuyen con la edad. Como se dice vulgarmente "se les pasa el arroz". Hay veces que los hijos son concebidos como forma de atrapar al cónyuge y obligarle a continuar la relación de pareja cuando se teme una ruptura de la relación, o como un intento desesperado de salvar una relación que no funciona.

¿Cuáles son las consecuencias para esos hijos concebidos sin amor?
Muchos de estos niños que vienen al mundo concebidos sin amor sufrirán la falta de amor de sus padres, en forma de maltrato, incomprensión, desatención, frialdad y todo esto les hará sufrir en gran manera, porque los niños que vienen al mundo en la actualidad son espíritus más avanzados y sensibles que en épocas pasadas, fruto del aprendizaje adquirido en multitud de encarnaciones. Por tanto, su nivel de sufrimiento ante la falta de atenciones emocionales, ante el malestar psicológico, es mayor que en épocas pasadas. Y esta es la causa de la mayoría del sufrimiento de los niños de Occidente, que no son amados por los padres, aunque los padres se esfuercen por creer que el problema lo tiene siempre el niño porque tiene mala actitud. Muchos de esos niños que sufren acaban desarrollado traumas emocionales o enfermedades físicas a causa de ese sufrimiento por falta de amor, sin que la mayoría de los padres tomen conciencia de ello. Es necesario por tanto que los padres tomen mayor conciencia y sensibilidad por el bienestar emocional de los hijos y de esta manera les evitarán muchos de los sufrimientos que ahora les azotan.


Continuará...

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Extracto del libro  "La ley del amor" - Las Leyes Espirituales II de  Vicent Guillem
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