Una parte de la ira es comprensible porque está relacionada con personas, con situaciones. Pero cuando se elimina esa capa superficial, entonces os encontráis con una fuente de ira que no está relacionada con nada exterior, que sencillamente es una parte de nosotros.

Se nos ha enseñado que la ira solo surge en determinadas situaciones tensas. Eso no es verdad. Nacemos con ira, es parte de nosotros. Aparece en ciertas situaciones, y en otras permanece inactiva, pero está ahí.

De modo que primero hay que lanzar la ira que está relacionada, y luego uno se encuentra con la más profunda fuente de ira, que no está relacionada con nada más... con la que nacemos. No va dirigida a nada, y ahí radica el problema para comprenderla. Pero no hace falta entenderla. Simplemente arrojadla... no sobre alguien, sino sobre una almohada, al cielo, a Dios, a mí.

Esto va a suceder con cada emoción. Hay una parte del amor que está relacionada con alguien. Luego, si ahondáis más, un día llegaréis a  la fuente de amor que no tiene destino fijo. No se mueve hacia nadie... simplemente está ahí dentro. Y lo mismo es cierto para todo lo que sen­tís. Todo tiene dos lados.

Uno, el inconsciente, el lado más profundo, simplemente está con nosotros, y el superficial es el funcionamiento de esa capa más profunda en una relación. Las personas que siempre permanecen superficiales, olvidan por completo sus tesoros interiores. Cuando arrojamos la ira inte­rior, nos encontramos cara a cara con el amor interior, la compasión interior. Hay que barrer los escombros para poder encontrarse con el oro más puro que se tiene dentro.

Osho


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