Hace un poco más de 30 años comencé a descubrir la forma de manejar nuestro cuerpo y la salud. Rápidamente comprendí que la enfermedad es la forma en que mi Yo superior se comunica para mostrarme donde tengo que trabajar en mi mismo, o bien, la enfermedad es una manifestación directa de nuestro ego, rechazando la vida, rechazando a los demás o a mi mismo y tratando de manipular y controlar a los demás… básicamente dos opciones, dos caminos, pero que conducen a donde mismo: al conocimiento de uno mismo, al despertar de la consciencia.

En ese entonces pensé que tenía entre manos una maravilla, un regalo Divino que debía compartir con todo el mundo.

Muy pronto descubrí que ese regalo es considerado como una maldición por muchísima gente, que simplemente no les interesa saber, que deliberadamente quieren mantenerse en la ignorancia para no hacerse cargo de su propia vida…

No es fácil reconocer que toda mi vida es una farsa de engaños, mentiras y traiciones (de mi parte, para conmigo mismo).

No es fácil reconocer que soy 100% responsable de todo lo que he vivido, de mis temores y sufrimientos, de los engaños y traiciones de los cuales fui “víctima”

No es fácil reconocer que yo he creado cada experiencia que he vivido.

La primera etapa es muy dolorosa; Hacerse cargo de TODO.

Lo interesante viene después; el darse cuenta de que si somos verdaderamente creadores, entonces podemos crear otras cosas y depende exclusivamente de nosotros.

En esta etapa comenzamos a desarrollar la maestría de nuestras emociones, porque nos hemos dado cuenta de que con ellas es que creamos, ellas son la llave, la herramienta maestra, la varita mágica…

Lamentablemente, son muy pocos los que tienen el valor de enfrentar la primera etapa e ir más lejos, permitirse llegar hasta el fruto. Y es lógico ya que la primera etapa no sólo es dolorosa sino aterradora.


Autor: Yovana Moreno

Fuente: Vedim
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