Todo ser humano necesita amar y ser amado. La falta de amor produce una sensación de aislamiento y no pertenencia y un sentimiento de vacío difícil de llenar.

Muchos creen que el amor es cuestión de suerte, como una lotería, sin embargo no es así, porque el amor verdadero exige esfuerzo y sabiduría.

El tema del amor ocupa mucho lugar en nuestras vidas; cataratas de palabras se han escrito sobre el amor, miles de canciones están basadas en el amor y hasta las tragedias pasionales tienen que ver con el amor.

La mayoría de las personas pretende ser amada y todo el esfuerzo está orientado a atraer a alguien que la ame dispuesto a satisfacer su necesidad de afecto, sin tener en cuenta la propia capacidad de dar amor.

Nadie cree que sea necesario aprender algo sobre el amor porque lo consideran un arrebato propio de la naturaleza, confundiendo de esta manera una ocasional experiencia emocional con el amor verdadero.

Tampoco nadie quiere renunciar al amor romántico y desean que luego se consolide y se transforme en algo siempre romántico pero también serio, comprometido y que logre trascender los avatares del tiempo.

Estamos inmersos en una sociedad de consumo donde todo se compra y se vende para ser usado. La línea divisoria entre objeto y persona ya no es tan nítida como solía serlo cuando no todo se podía comprar.

Las elecciones de pareja ya no se basan en sentimientos sino en requisitos que hay que cumplir dentro del espectro de la demanda general, determinado por la cultura y las modas.

De esta manera cada uno ofrece su mercadería tratando de que en el intercambio no exista un desequilibrio de valores que pueda interferir en la relación.

Es un modo de establecer vínculos casi tan parecidos como los matrimonios arreglados de antaño, que nos parecían tan ridículos y fríos.

Sin embargo, a pesar de tomar previsiones de toda índole y tratar de encontrar alguien con intereses compatibles, las parejas fracasan.

Estos fracasos nos demuestran que mantener un amor verdadero no es innato ni prefabricado sino que exige un aprendizaje. Se puede aprender a amar para siempre a alguien si tenemos mayor conciencia de nosotros mismos.


El sentimiento de aislamiento es propio de la naturaleza humana y es el origen de la angustia. La vida del hombre de hoy se centra en cómo superar su soledad.

Resulta difícil lograr superar el estado de separación y lograr recuperar el anhelo de pertenencia y unión, en una sociedad donde el individuo no se puede diferenciar del otro. La masificación atenta contra la identidad y nos convierte en objetos que son más valorados y aceptados en la medida que hacen, dicen, usan, y piensan lo mismo.

Lo único que puede salvar al hombre del mundo robotizado que ha creado es el verdadero amor, interpretado como una unión cuya condición esencial es el respeto por la propia individualidad.

Fuente: La guia.com

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