Parte I
Parte II
Parte II

4. No envidies, admira ¿Qué sientes cuando otro te dice: “Me aumentaron al triple el sueldo”, “me puse de novia con un modelo que tiene casa, dinero y me trata bien”? ¿Te molesta  que hablen bien de otro? ¿Qué sientes cuando el otro se compró su automóvil y tú aún no accediste al crédito que necesitabas para comprarlo tú también? ¿Envidia tal vez?
Salomón, uno de los hombres más sabios de la humanidad dijo: “La envidia corroe los huesos.” Hay gente que ha sufrido artrosis, reumas y otras dolencias, sólo por envidia. Aunque te parezca mentira, la base de todas estas enfermedades muchas veces se origina en la envidia. La envidia siempre enferma y no sólo enferma el cuerpo físico sino que también amarga el espíritu. El que te descalifica con palabras siempre tratará de buscar amigos: hablará con otros para envenenarlos, porque el envidioso no quiere que triunfes y querrá hacerte su aliado para que te enfermes. Aprende a escuchar lo que la gente dice.

Tanto el que te envenena como el que te descalifica tratará por todos los medios de que no alcances tus sueños. Él se encargará de boicotear cada uno de tus proyectos. Su lema es: “Si yo no puedo, él tampoco.” La envidia es un sentimiento destructivo. Cuando tú eres el objeto de la misma, quien la siente es víctima de un deseo enfermizo de hacerte perder lo que has logrado. Si eres un hombre de éxito, siempre serás perseguido.

“La envidia y aún su apariencia es una pasión que implica inferioridad  dondequiera que se encuentre.” Plinio el Joven.

Sé inteligente, permanece alerta: cuando alguien prospera, mejora, avanza, siempre habrá alguien que estará mirando y envidiando su posición. Si el que tiene envidia eres tú, si criticas, cuentas chismes o sientes celos, ésto será evidencia de que aún no has recibido aquello que buscabas porque no estás habilitado ni capacitado para hacerlo.

Necesitamos aprender a celebrar y festejar los éxitos ajenos. Si puedes hacerlo, significa que estás en condiciones de anticipar que lo mejor, y bendiciones aún mayores, están por llegar a tu vida.

Cada logro del otro debe ser un desafío para ti. El éxito del otro no debe ser motivo de envidia, sino fuente de inspiración. Aprendamos a encontrarle un giro de 180 grados a este sentimiento que sólo nos destruye y nos enferma. El éxito del otro debe inspirarte, llevarte a que analices cómo lo hizo, cómo lo alcanzó. La gente envidiosa sólo mira el automóvil que el otro tiene, quiere el sueldo que el otro percibe, pero no se detiene a pensar qué es lo que el otro hizo para alcanzar todo eso; sólo ve el final, pero no tiene capacidad de mirar el proceso.

Para poder alcanzar lo que el otro hoy tiene, tienes también que aprender a atravesar el proceso, a tener voluntad y coraje, fuerza, energía y temple para recorrer el camino. Tal vez, mientras unos estaban comiendo un asado, otros estaban preparando un postgrado.
Si hoy ves que tu compañero de oficina recibió un gran ascenso, antes que nada, reflexiona: de las horas que ambos están en la oficina, ¿cuántas horas trabaja él eficazmente mientras tú tomas té, mate o café? Quizá, mientras unos pasaban largas horas en pubs o bares, olvidando que una familia los esperaba en su casa, ellos, los que hoy son envidiados, estaban yendo al cine con sus hijos y su familia.

Por eso, si hoy, delante tuyo, hay alguien con una familia mejor que la tuya o con un gran logro profesional,  su éxito no debe humillarte, sino que debe ser el puente para que te inspires y analices cómo llegó a su meta. Puedes admirar en lugar de envidiar. La palabra envidia proviene del latín y quiere decir: “Yo veo”. La palabra admiración también proviene del latín y significa: “Yo miro.

“El número de los que nos envidian confirma nuestras capacidades.” Oscar Wilde
Envidiar quiere decir “mirar mal”; admirar implica “mirar a”. Ambas tienen que ver con mirar; la diferencia es que la envidia trae bronca y la admiración, motiva. ¿Cuál es la diferencia? Envidiar es decir “te miro para destruirte”, admirar “te miro para aprender cómo lo lograste.” Al oír una crítica, debemos observar si el crítico logró más que su víctima (seguramente no, y por eso critica).

El que te descalifica y calumnia, probablemente no puede tener el mismo brillo que ti, por eso calumnia. Es importante que entiendas que el exitoso está cerca tuyo para motivarte, para que puedas alcanzar lo que él pudo lograr. Si él pudo, tú también podrás. El éxito del otro debe servir para que movilices tus estructuras, sacudas tu conformismo y te sientas estimulado a ir por más. Muchas veces envidiamos lo rápido que el otro ha avanzado mientras nosotros permanecemos en el mismo lugar.

A veces nos parece que adelantamos dos pasos y retrocedemos tres, y entonces nos preguntamos y nos cuestionamos y terminamos enfermándonos. Lo que sucede es que, en muchas oportunidades, si recibiésemos todo junto no sabríamos que hacer con ello. Por eso es que mientras vas creciendo y aprendiendo vas recibiendo. Las grandes bendiciones, los grandes éxitos, suelen llegar de a poco, para que tus enemigos no te destruyan a causa de la envidia.

Tal vez haya proyectos que se estén demorando, pero cuando los recibas será porque no habrá enemigo, ni envidia, ni celos cerca que puedan destruirte y enfermarte. Todas las decisiones que tomamos se basan en lo que sentimos, y todo lo que sentimos se basa en lo que pensamos.

“Te lo daré poco a poco para que las fieras del campo no te devoren.” La Biblia

Si cambio mi manera de pensar, cambio mi manera de sentir, y si cambio mi manera de sentir, entonces también cambio mi manera de decidir y por ende de recibir.

• Un exitoso no se mide por la cantidad de gritos que da, ni por el lenguaje que utiliza sino por su manera de pensar. 
• Un exitoso se distingue por sus pensamientos. 
• Un exitoso nunca envidia, porque tiene puesta su mente en su propósito y en sus sueños.

Si tus pensamientos y tu mente son limitados y angostos, cuando llegues a la meta por cierto te la creerás. Pero si tu mente y tus objetivos son ilimitados nunca vas a sentirte omnipotente, porque siempre habrá más por conquistar, siempre habrá más para soñar.

Hoy, ocúpate de ti: 
• Valora que te tienes a ti mismo 
• No esperes nada de nadie 
• Rompe tus límites 
• Pelea sólo por cosas que valgan la pena 
• Tómate tiempo para descansar 
• Busca consejos de gente sabia 
• Demuestra el amor y la ternura a los seres que amas


No importa cuánto dolor hayas sufrido, ni cuánta gente se haya corrido de tu vista, ni cuántas traiciones hayas padecido: a la larga entrarás a la tierra de tu bendición y verás cumplido cada uno de tus sueños. Y recuerda: si cuando consigues tu propósito sabes ser una bendición para otros, un nuevo nivel de prosperidad, de éxitos, de riquezas, de salud y de dicha te estarán esperando. Al que sabe dar, aún más se la dará. Sé un motivador nato y no pierdas de vista tu propósito.

Prepárate: no hay envidia ni celos que puedan detenerte, destruirte ni limitarte, ¡las cosas grandes están llegando!

“Los éxitos grandes los recibiré poco a poco para que la envidia de los que me conocen no me lastime”. La Biblia

Del Capítulo 2 del libro de  Bernardo Stamateas -“Gente Tóxica”
Artículo Anterior Artículo Siguiente