Cuando se habla de técnicas infalibles, en el área que sea en que deban y puedan ser aplicadas, es necesario comprobarlas para que se pueda demostrar su veracidad.

Si al aplicar estas técnicas para sanar relaciones no obtienes el resultado, es porque o no las comprendiste bien, o no sirven en realidad para nada, si hiciste todo de una forma correcta, siguiendo las indicaciones mínimas necesarias.

El perdón es el camino para sanar relaciones, ya que la ira que se siente cuando hay conflictos, no deja observar lo conveniente para todos.

La ira embrutece más que cualquier otra cosa en este mundo.

Cuando la ira inunda la mente, solo se piensa en huir o en enfrentar al agresor, agravando a veces mucho más la situación.

En todas las relaciones existe dependencia dominio.

Cuando se aprende a trascender esa dependencia y ese dominio, es porque ya se sabe sanar relaciones, en todos los campos en los que el ser humano actúa, ya sea familiar, social o laboral.

Las relaciones comienzan con un protector que es visto por un necesitado que se acerca al primero para ganar algo con él, por eso muchas veces se brinda ese necesitado como una opción protectora para que el primero también gane algo.

Un necesitado que se viste de protector en un nivel, para llenar su necesidad en otro nivel y un protector que esconde muchas veces su carencia para poder llenar sus necesidades.

Ladrones que roban a ladrones, si lo decimos de forma descarada.

Cuando un necesitado logra suplir sus anhelos, sigue en el rol de protector en donde se encuentra su fortaleza, pero si algo de lo que recibe, no coincide con sus expectativas, se siente ofendido, por eso se distorsiona su accionar positivo y/o se aísla, se convierte en consejero, se burla, se vuelve agresor físico o emocional, o se pone a llorar y a quejarse para que el otro reconozca su supuesta equivocación y vuelva a ser otra vez su protector.

Un ofensor muchas veces se culpa a si mismo por haber realizado algo en contra de otro, por eso busca pagar su “maldad” con regalos y cuidados que le pagan a su ofendido, con la esperanza de ser perdonado.

El perdón no se alcanza realizando trueques.

Cuando ya estés harto de esa manera de relacionarte, es cuando estás listo para aprender a sanar relaciones.

Hay que romper con esa ruleta de protector, protegido, ofensor, ofendido.

El perdón comienza cuando en vez de depender de otro asumes tu responsabilidad para aprender, o para crecer en ese nivel y así romper la estructura de necesidad que de ese otro se tiene.

Renunciar a los ídolos salvadores es sencillo, si logras comprender que tú puedes comenzar por lo que puedes, en pos de un desarrollo firme y certero, pero no para separarte de ese otro, sino para colaborar con él y así ayudarse mutuamente.

Siempre que ese otro te diga algo en contra, evalúalo como una ayuda que te brinda, para que aprendas un nuevo peldaño que te formará más sólidamente.

¿Cómo no ibas a agradecerle?
Siempre que te toque frenar o empujar al otro, evalúalo como una ayuda que le brindas, para que él mismo asuma sus responsabilidades también, pero también obsérvate a ti mismo si lo haces para huir de alguna negligencia tuya, o para huir de algún error que tu mismo crees haber cometido en otro punto antes.

Siempre que busques proteger al otro, pregúntate a ti mismo si estás dejando de hacer algo mucho más certero, mas rendidor, o más rentable en otro punto, al igual si por hacer eso para beneficiar al otro, en vez de ayudarlo lo dejas siendo tan dependiente e inútil, como lo era antes.

Cuando te das cuenta que estás huyendo de otro punto, pregúntate:

¿Qué estaba dejando de hacer?

¿Qué debo aprender para ser más certero en mi responsabilidad?

Recuerda que el amor no viene de afuera. El amor nace y germina cada vez más en ti, cuando avanzas en tu calidad de servicio, para ser más certero en tu dar.

En el Amor no existen protectores necesitados. En el Amor te conviertes en un instrumento, o en un canal receptivo para comprender más detalles que hagan más adecuado tu servicio.

¡Renuncia al amor condicional!
Deja de creer que el otro es un ídolo salvador y míralo como un maestro que te puede enseñar hasta un nivel determinado.

Si renuncias al condicionamiento, dejas de sentirte ofendido con el otro cuando ese otro no quiere, cree que no debe, o cree que no puede desempeñar lo conveniente.

Tener expectativas irracionales, no sirve para solucionar nada, Si el otro no tiene la capacidad de compartir contigo en cualquier nivel determinado, eso no es justificable para convertirte en un ofendido. Eso más bien te puede servir, para que busques en un punto más certero, si lo que buscas en realidad tiene sentido constructivo.

Cuando comiences a aplicar estas técnicas, tienes que tener cuidado con el loco que tienes en tu cabeza, ya que ese loco se ha acostumbrado a pensar con ira y esa ira es compulsiva, lo cual quiere decir que te atrae, muchas veces más que la tranquilidad que se adquiere, al practicar lo anteriormente descrito.

Recuerda que el perdón, debe comenzar por ti mismo.

Cuando las compulsiones acostumbradas vuelven, se necesita comprender que esos son simples refugios para huir de otro punto que es el que necesitas comprender realmente.


Eso te ayudará a que puedas renunciar a los refugios que tengas como preferencia, ya que no le encontrarás nada útil a esos refugios.

Solo me resta decirte que tengas éxito, que ya es hora de empezar a sanar tus relaciones.

Tu mente será después de eso una canción ancestral que Dios canta siempre en tu oído, pero que no escuchas, por estar más pendiente de tus falsas expectativas y de tus venganzas reprimidas o expresadas.

¡Ya basta!

Tú tienes derecho a sanar

 Autor: Ricardo Bustillo
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