Los siete principios de la felicidad parte 3/30: Principio del Mentalismo (2da. Parte)
   

Los siete principios de la felicidad parte 3/30: Principio del Mentalismo (2da. Parte)

1. Principio del Mentalismo (2da. Parte)

"Estoy en este Universo para Aprender, para Ser Feliz y para Dar lo mejor de mí a los demás, esa es mi misión. Todos somos Uno en Amor con Dios".

La elección de nuevas creencias
Todo lo que nosotros llamamos Universo o Dios, se manifiesta a través del "Espíritu". El espíritu tiene una parte obediente que es el "Alma", ella se encarga de manifestar lo que llamamos "Cuerpo" u Objeto.

Cuando llevamos esta estructura a nuestra vida humana, dicha estructura se identifica de la siguiente manera: lo que llamamos "Espíritu" es nuestra Mente Consciente; el "Alma" es la Mente Inconsciente y, finalmente, el "Cuerpo" se corresponde con nuestro cuerpo físico. Por lo tanto, lo que nos conecta con nuestro Creador es nuestro Espíritu, que tiene su asiento en la Mente Consciente. Allí es donde radica nuestra Voluntad y nuestro Poder de Decisión.

Se llama "Libre Albedrío" a la capacidad que tenemos de elegir nuestros propios pensamientos. De acuerdo con nuestro libre albedrío, nosotros podemos elegir el "cielo" o el "infierno" según lo que aceptemos como verdadero en nuestra conciencia. Muchas personas creen que el libre albedrio significa escaparle al Karma o hacer lo que se les da la gana, pero esto no es así. Es solamente nuestra libertad de elegir lo que queremos pensar. Tú puedes elegir pensar que tienes una vida "miserable" o una vida "feliz"; aquello que elijas voluntariamente se depositará en tu mente inconsciente o "alma", y desde allí se manifestará en el mundo físico.

De una manera gráfica, podemos pensar en el "Espíritu" o mente consciente, como la parte que selecciona una "semilla" para sembrar. El "Alma" o mente inconsciente, sería el suelo fértil donde la semilla va a germinar y crecer. El "Cuerpo" sería el fruto, cosecha o resultado que se va a obtener.

Nuestro Poder de Acción radica siempre en la Mente Consciente. De acuerdo con esto, a partir de ahora debemos abandonar la idea de que somos víctimas de nuestro destino y tenemos que empezar a aceptar que "Todo lo que nos ocurre lo estamos eligiendo, de alguna manera".

Muchas de estas elecciones se dan en tan sólo fracciones de segundos y se depositan en nuestra Mente inconsciente, donde germinan y luego se manifiestan en nuestras vidas. Por ejemplo: al visitar a un pariente enfermo, es probable que llegues a pensar. "esto podría ocurrirme a mí". En este instante, se produjo el "contagio", ese pensamiento se depositó en tu mente como una semilla. De ahí en adelante, cuanto más pienses en la posibilidad de enfermarte, más estarás "regando" la semilla que finalmente dará su fruto, o sea, la enfermedad.

Así es como funciona todo el Universo. Vivimos en un Universo que siempre dice "Sí" a todo lo que elegimos Creer. La mayoría de nuestras creencias se han ido formando a través del tiempo, de acuerdo con la familia, cultura, sociedad, religión y las instituciones de educación a las que asistimos. Muchas de nuestras ideas ni siquiera son nuestras, sino que han sido impuestas por nuestros mayores a lo largo de nuestra crianza. Es importante saber que todo aquello que ya está depositado en nuestra Mente Inconsciente se puede remover. Podemos crear nuevos pensamientos, aceptar nuevas ideas y diseñar un porvenir mucho más conveniente y favorable. En ello reside la importancia de conocer los principios metafísicos. Este conocimiento te dará la habilidad de crear el destino feliz que anhelas aunque tu pasado no lo haya sido. Y lo bueno no termina allí: existe un principio metafísico que enseña que "las Leyes Superiores se imponen sobre las Inferiores". Esto significa que "en la medida en que mejores tu vida personal, mejorarás la vida de todos los que te rodean". Curando tus propias heridas, se curarán las de los demás.

Mucha gente cree que sería más feliz si tuviera una pareja mejor, más dinero, más poder o más salud. Ellos creen que algo de afuera tendría que cambiar para poder estar mejor. Sin embargo, el proceso es al revés. "Cambiando nuestros pensamientos y mejorando nuestra propia energía es como mejora nuestra vida".

El Alma

El Alma o su equivalente, la Mente Inconsciente, NO razona, NO elige, NO cuestiona y SIEMPRE DICÉ "SÍ". Si eliges pensar "Mi vida es miserable", entonces la Mente Inconsciente tomará este pensamiento como una orden y se encargará de ejecutar todo lo que está a su alcance para hacer que tu vida sea... miserable. Por el contrario, puedes elegir pensar: "Tengo una vida exitosa y feliz", entonces esa mente te llevará a elegir a todas las personas y las situaciones que te harán sentir exitoso y feliz.

Como Seres Creadores, podemos ir cultivando nuevas ideas en nuestra mente inconsciente, pero primero, debemos Remover lo que está allí. No podemos tener dos "plantaciones" en el mismo lugar. Este no es un trabajo fácil de hacer porque en nuestro inconsciente están depositadas todas las experiencias vividas desde el momento en que fuimos concebidos, las de otras vidas, y todo aquello que experimentamos hasta la fecha. Esta parte de la mente es como un archivo enorme donde están guardados preciosamente todos los recuerdos y los hábitos aprendidos.

Los Hábitos
Nuestro cerebro funciona sobre la base de hábitos porque de esta manera ahorra energía. Una vez que hemos aprendido a vestirnos, ya no tenemos que volver a aprender cada mañana lo mismo. Ponernos una camisa, peinarnos, comer y demás son hábitos aprendidos en la infancia que nos ayudan a desenvolvernos en forma mecánica, ya no debemos pensar más en ello.

El Hábito es como un "mapa" en el Cerebro por donde va la energía cada vez que tenemos que repetir una función ya conocida. Cuanto más repetimos una misma tarea, el hábito se vuelve más fuerte y, por lo tanto, nos resulta más fácil ejecutarla. Es difícil, sino imposible, concebir una vida donde tuviéramos que aprender todo de nuevo cada día.
Los hábitos más importantes se aprenden en los primeros siete años de vida y, luego, los repetimos incansablemente a lo largo de nuestras vidas. En esa etapa... aprendimos a amar, a ser felices o no, a vivir en la prosperidad o en la pobreza, a aceptar nuestra sexualidad o a sentir culpa, y muchas otras cosas más. Todo lo que hemos vivido de niños ha impregnado nuestra Conciencia formando una memoria básica, un "mapa" de ruta elegido por los mayores. Nuestra función como Adultos es seleccionar de todo lo aprendido aquello que nos sirve y aquello que no.

Hay personas que se han criado en hogares con valores morales y espirituales muy positivos, que las llevan a desempeñarse muy bien en su mundo de adultos. Sin embargo, hay otras que han crecido rodeadas de miedo, carencias, o sin amor, y esto les acarrea una falta de confianza y seguridad personal. La mayoría de nosotros hemos recibido una mezcla de influencias; algunas fueron muy buenas y otras muy malas. Por tal motivo, debemos seleccionarlas con criterio.

Nuestro Cerebro funciona gracias a unas células llamadas "neuronas". Cada neurona tiene una extensión semejante a un cable, que se llama "Axón", con el cual se conecta a otra neurona y, así, se transmite el mensaje eléctrico a lo largo del cuerpo. El Cerebro de la orden... las neuronas trasmiten esta orden al cuerpo, y el cuerpo finalmente la ejecuta. Por ejemplo, si siento picazón en mi cara y decido rascarme, en el instante en que tomé la decisión, las neuronas enviaron la señal eléctrica a mi cuerpo, entonces, muevo un brazo y llevo una mano a mi cara para rascarme.

Cuando se repite muchas veces una misma acción, se crea un hábito. Al hacerlo, muchas neuronas se juntan entre sí formando un "cable" más ancho, por el cual la energía se trasmitirá más rápidamente. Esta es la razón por la cual los deportistas entrenan. Al principio, un tenista puede sentirse muy torpe y no lograr que la pelota vaya en la dirección que desea, pero con el tiempo y la repetición, logra un mayor dominio del juego y su cerebro se muestra más preparado para dar una respuesta inmediata adecuada.
Estos cables neuronales NO se separan nunca. Esto significa que una vez aprendido un hábito, éste permanecerá para siempre con nosotros. Pero entonces ¿Cómo podemos Cambiar? La respuesta es muy sencilla: creando un "Nuevo Hábito".

Al principio, este "Nuevo Hábito" será un "cable" muy fino, pero con el tiempo y la repetición se hará un cable más fuerte y grueso que el hábito anterior. Hay personas que debido a la ansiedad fuman; quien lo hace tiene un cable neuronal definido en esa dirección. Si esta persona decide abandonar el vicio, tendrá que reemplazar el hábito de fumar por otro más constructivo, como, por ejemplo: mascar algo, beber un vaso de agua, o hacer gimnasia cada vez que sienta ansiedad. Al principio, este nuevo hábito será muy débil, especialmente si la persona ha fumado por muchos años. La energía siempre tiene a ir por el camino más fácil y esa persona sentirá un fuerte deseo de volver al cigarrillo aún cuando ya esté practicando su nuevo hábito. Solamente con la práctica continua y la repetición la energía seguirá el nuevo camino.

Para que la formación de un nuevo hábito sea exitosa, son necesarias dos condiciones: El deseo y la repetición. Si no existe el deseo de mejorar es imposible hacerlo, y sin la repetición de lo nuevo no lo podemos incorporar.

Si durante mucho tiempo has sido el tipo de persona que piensa más rápidamente en lo negativo que en lo positivo, y hoy decides cambiar, los primeros intentos que hagas no serán muy exitosos y es probable que vuelvas muchas veces y con rapidez a tu estilo anterior. Pero cuanto más entusiasmo y deseo tengas en cambiar, más rápidamente se unirán las neuronas para llevar tu nuevo mensaje al resto del organismo.

Para muchos, el principal obstáculo es la "impaciencia". Existe un fuerte deseo de ver resultados inmediatos; de lo contrario, tienden a descalificar lo aprendido. La Impaciencia es la incapacidad de permitir que transcurra el tiempo necesario para que una nueva idea se afiance en nuestra conciencia. Es como pretender que una planta que acaba de nacer, dé inmediatamente flores y frutos. En otras palabras, la impaciencia es una forma de resistencia al cambio.

Continuará...

Autor: Horacio M. Valsecia -