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Principio De Causa Y Efecto (3ra.y última parte)

El perdón


LA AYUDA A LOS DEMÁS


Nunca hay que ayudar a nadie que no nos lo haya pedido porque la persona puede no estar receptiva a nuestra ayuda. Cuando le hemos hecho un favor a alguien y luego esa persona no nos agradece o se muestra indiferente, nos está dando la pauta de que nos hemos equivocado, o bien la persona no necesitaba de nuestra ayuda o le hemos dado ayuda equivocada. Esto ocurre cuando intervenimos en la vida de alguien pretendiendo ser su salvador.

Una manera de evitar este error es ofrecer nuestra ayuda a quien pensamos la necesita y, luego, debemos retroceder para dar lugar a que la persona elija. Cuando la persona decide aceptar nuestra ayuda, entonces estará receptiva y sólo así tendremos éxito.

¿Hasta dónde ayudar? Se debe ayudar a los demás hasta el punto en que el equilibrio de nuestra vida personal no se pierda. Si vas a prestar dinero a alguien cercano, deberás prestar solamente una cantidad de tu dinero que no ponga en peligro tu economía personal. De lo contrario, si por prestar dinero dejas de pagar tus cuentas, sólo estás permitiendo que el problema del otro contamine tu vida. En esencia, si quieres que tu ayuda sea siempre efectiva, no deberás perder nunca tu equilibrio personal. Esto nos lleva a la siguiente conclusión: el sacrificio por los demás no sirven.

En general, los problema que cada uno de nosotros enfrentamos no son más que errores de conciencia. Existen en nuestra mente ideas equívocas que deben ser corregidas. Éstas tienen que ver con la falta o aceptación de lo bueno, con ideas de no merecimiento, con el nivel de la autoestima y con las culpas que arrastramos. Estas últimas son las más poderosas y generan las principales barreras para nuestra felicidad personal. Yo creo que cada vez que algún proyecto mío se demora o las cosas que deseo no se dan es porque todavía tengo que perdonar a alguien o perdonarme a mí mismo. Las enfermedades físicas tiene que ver con la falta de perdón, las deudas y la soledad, también. Siguiendo este concepto, si quieres ayudar a alguien verdaderamente, entonces no sólo tienes que brindar tu ayuda material, sino también el apoyo moral necesario para que la persona se libere de sus culpas y mejores su manera de pensar.

EL PROCESO DE PERDÓN

El perdón no es un acto sino un proceso. Cada día perdonamos un poco más y así nos vamos liberando del pasado. En algunos casos, este proceso puede hacerse de una sola vez, pero en la mayoría, el perdón requiere tiempo.

Para entender los pasos que hay que dar en el proceso del perdón, debemos entender primero cómo funciona la proyección que hace nuestro ego, las heridas emocionales que arrastramos las vemos con más claridad en los demás y no en nosotros mismos. El ego se niega a aceptar que es uno el que tiene el problema y lo proyecta hacia afuera encontrando el perfecto "culpable". De esta manera culpamos a nuestra pareja, nuestro padre, nuestra madre, nuestros hijos, nuestro jefe, un amigo o a quien sea por nuestra infelicidad. Una analogía muy válida es la siguiente: cuando vamos al cine pensamos que la película está en la pantalla; sin embargo no es así, la película que estamos viendo está en el proyector y lo que vemos no es más que la proyección que hace la máquina. De la misma manera, la "película de nuestra vida" no es más que la proyección que surge de nuestra propia mente.

Entonces, el 1er. paso para "perdonar", es reconocer que la culpa no está afuera. Debemos interrumpir el fenómeno de la proyección y no aceptar como culpable a alguien o algo externo a nosotros. Debo reconocer que lo de afuera activó una herida emocional que está en mí y por eso me molesto o me enojo.

El 2do. paso es aceptar que la herida está dentro de uno mismo. Si en este proceso nos detenemos en este paso, el ego nos hará sentir culpables a nosotros mismos.

El 3er paso consiste en entregar esa culpa al Espíritu Santo o Yo Superior para que perdone por nosotros. Debido a que todos nosotros estamos envueltos en el mismo sistema de pensamiento del ego, necesitamos un elemento externo a este sistema que nos ayude a recobrar la cordura. El Yo Superior es la parte perfecta de la mente que nos recuerda permanentemente nuestra naturaleza espiritual.

En conclusión, nosotros no tenemos la capacidad de perdonar. No podemos perdonar a nuestros enemigos ni a nosotros mismos. Solamente hacemos un jugo intelectual que se parece más a una postura arrogante. Creemos que somos los "buenos" porque perdonamos a los "malos". Por eso necesitamos la ayuda del Yo Superior. Es en el tercer paso donde procedemos a poner el problema en las manos de Dios para que Él mismo lo resuelva y sane aquello que necesita ser sanado.

Cuando se da el verdadero perdón, se siente una gran paz interior. Si pedir ayuda a tu Yo Superior te resulta extraño, puedes invocar en su lugar a la entidad espiritual que prefieras según tu religión: Jesús, Buda, Sai-Baba, o a Dios mismo.

La próxima vez que sientas un enojo muy grande hacia alguien deberás poner en práctica el proceso del perdón. Primero, tendrás que aceptar que esa persona no es la culpable de tu enojo. En segundo lugar, deberás admitir que en realidad hay una parte tuya que se enoja por lo que el otro hace. Finalmente, tendrás que pedir ayuda para que tu Yo Superior pueda perdonar por ti aquello que no entiendes ni aceptas. Al hacer esto, pones en manos del Universo el proceso del perdón y así se curan tus propias heridas y las de los demás. Generalmente, ocurre algo mágico, lo que llamamos "milagro".

LOS BENEFICIOS DEL PERDÓN

El "Perdón" depende de tu buena voluntad, de tu deseo, de tu disposición a querer soltar aquello que te ha hecho daño en algún momento. Cuando pides ayuda se ponen en marcha todos los mecanismos del Universo para restaurar la armonía en tu vida.

El proceso del perdón se puede comparar al hecho de tomar conciencia de que en realidad, nadie nos ha hecho daño ni tampoco nosotros se lo hemos hecho a otros. El supuesto "pecado" no es más que un error de percepción. Definitivamente, esto es demasiado simple para que nuestro ego lo pueda aceptar. El ego siempre tiene todas las razones del mundo para justificar su posición; en especial, cuando nos enojamos con alguien. Entonces encontramos las razones lógicas a nuestro enojo que nos llevan a juzgar y condenar. Además, el ego busca aliados. Tratamos de convencer a todos de nuestras razones. Pero la verdad es que cuanto más justificamos nuestra posición, más inseguros estamos en el fondo.

Uno de los motivos por los cuales no existen culpables es porque cada uno de nosotros siempre está haciendo lo mejor que puede, de acuerdo con su grado de cultura y Conciencia. Cuando nos equivocamos es porque no sabemos hacer algo mejor. Si retrocediéramos en el tiempo hasta el momento justo en que cometimos un gran error diez años atrás, volveríamos a hacer lo mismo, porque ese era nuestro estado de conciencia. Siempre hacemos lo que creemos que es mejor en cada momento, aunque estemos totalmente equivocados.

Dios no condena porque sabe que estamos aquí para aprender. El ego es el único que juzga y condena. Nuestra mente es limitada y nunca captamos todo lo que está pasando. Tal como lo vimos antes, existen hilos kármicos que contienen historias secretas para nuestros sentidos. Podemos percibir una situación como una injusticia, pero en realidad, no sabemos si el injusto sólo le está dando la oportunidad al otro de reparar su error.

Además, las diferencias culturales hacen que nuestra capacidad de juicio sea limitada. Por ejemplo, para un esquimal es buena costumbre ofrecer a su mujer para que duerma con la persona que los visita. Para nosotros, suena como una locura; sin embargo, para los esquimales es totalmente normal. ¿Quién tiene la razón? La respuesta es sencilla: ninguno. Cada uno está viviendo su propia experiencia.

Sin hacer referencia a ningún personaje político en particular, es importante saber que aquellos personajes "malos" que movilizan grandes masas son espíritus que tienen la misión de elevar la Conciencia Colectiva de cierta raza o sociedad. Ellos pueden despertar emociones negativas, pero también ayudan a desarrollar la actitud de servicio de todo un pueblo o una nación. El odio que ellos despiertan individualmente no es más que el odio que cada uno tiene que sanar en sí mismo. Todos los países tienen su karma de grupo. Cada ciudadano tiene que lidiar en mayor o en menor medida con este tipo de karma. Un ejemplo notable es el caso de Cuba. De acuerdo con la numerología, la palabra "Cuba" suma 8, números de karma fuertes pruebas y dolor. No es casualidad que en Miami la calle de los cubanos sea la calle 8.

Según la Ley de Causa y Efecto, en esencia sólo hacemos dos cosas: damos amor o pedimos amor. Una forma muy común de pedir amor es la queja. Cuando una persona se "queja o reclama" a otra su atención, en el fondo sólo le está pidiendo su amor. Lamentablemente, la queja es un recurso negativo que lleva a obtener el resultado opuesto.

En la red de relaciones que entablamos, todos aprendemos y enseñamos al mismo tiempo. Aunque no seamos conscientes de eso, las personas que nos rodean aprenden algo de nosotros y viceversa, aún cuando la relación sea superficial o de poco tiempo.

De las grandes crisis aprendemos lecciones mayores, pero haciendo uso de nuestra facultad de elegir, "Yo le pido al Universo que me enseñe de buena manera". Básicamente porque no me gusta aprender a través del dolor. La mayoría de las personas aprenden de ese modo para luego quedar cargadas de resentimiento o frustraciones. Te sugiero que me imites y pidas que, a partir de este momento, todo lo que tengas que aprender se te enseñe de buena manera y así es.

Continuará...

Los siete principios de la felicidad - Horacio M. Valsecia-
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