Créase o no, según la neurociencia  "el estudio del cerebro", depositar nuestra atención en un dolor del cuerpo hace que el dolor exista, porque los circuitos del cerebro que perciben el dolor se activan eléctricamente. 

Entonces, si colocamos toda nuestra atención en otra cosa, no en el dolor, los circuitos del cerebro que procesan el dolor y las sensaciones corporales pueden literalmente desactivarse: de repente, el dolor desaparece. 

Pero, si nos detenemos a ver si el dolor se fue de veras, los circuitos cerebrales correspondientes se activan otra vez, haciéndonos sentir que volvió las molestia. Y si estos circuitos cerebrales se disparan de manera repetida, las conexiones entre ellos se fortaleces más. 

Así, pues, al prestarle atención al dolor todos los días, nos conectamos neurológicamente para desarrollar una conciencia más aguda en la percepción del dolor, porque los circuitos cerebrales relacionados se fortalecen más. Su propia atención personal tiene todo ese efecto en usted. 

Esta podría ser una explicación de cómo el dolor y hasta los recuerdos de nuestro pasado distante nos caracterizan. Lo que pensamos reiteradamente y eso en lo que enfocamos nuestra atención es aquello en lo que nos convertimos desde un punto de visa neurológico. 

Finalmente, la neurociencia entiende que podemos moldear y darle forma al marco neurológico del yo por medio de la atención repetida que le dedicamos a una cosa cualquiera.


Joe Dispenza


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