El Vidente de Lublín fue un gran Kabbalista conocido por sus profecías. Desde su nacimiento estuvo condenado a vivir con un ojo que era más grande que el otro, y por ello sólo podía ver lo que estaba mal en las personas.

Él decidió vendarse a sí mismo todos los días para vencer esta negatividad; como resultado se le otorgó el poder de tener visiones en nombre de otros. Cuando aprendemos a ver los aspectos positivos en las personas, en lugar de ver aquello de que carecen, nosotros también podemos convertimos en videntes.

Yehudá Berg
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