El Amor no exige, no demanda, no obliga. No es autoritario. Respeta la libertad del otro y jamás trata de imponer su voluntad.

El ego reclama a menudo: "¿Porqué no me escribes?; me podrías haber llamado; tráeme un regalito; quiero verte; te necesito; me haces falta".

El Amor no manipula, no atemoriza, no crea culpa, no amenaza.

El ego es el gran manipulador: "¡vas a hacer lo que te diga!; ya no te importo; ya no me quieres; ¡si te vas de viaje no regreses!".

El Amor no manda, no ejerce dominio sobre el otro ni le da órdenes. No se siente superior. No somete.

El ego dice: "En esta casa se hace lo que yo digo; a ver cuando arreglas esa pared; a esa reunión con tus amigas no vas".

Digamos: Yo Soy la Presencia del Amor que compenetra a toda Vida en todas partes, dando plena libertad de acción a todo ser humano para que viva de acuerdo a la Voluntad del Padre.


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