Podríamos decir que todo conflicto es el resultado de las mentiras, porque la verdad carece de cualquier clase de conflicto. La verdad no necesita demostrarse a sí misma: existe, creamos en ella o no. Las mentiras sólo existen si las creamos nosotros y sólo sobreviven si creemos en ellas. 

Quienquiera que crea en la verdad, vive en el cielo. Quienquiera que crea en las mentiras, más tarde o más temprano, vivirá en el infierno. 

Los seres humanos creamos las mentiras y después las mentiras nos controlan a nosotros. Pero, tarde o temprano, llega la verdad y las mentiras no pueden sobrevivir ante la presencia de la verdad. 

Sólo vemos lo que queremos ver; sólo oímos lo que queremos oír. Nuestro sistema de creencias es exactamente como un espejo que únicamente nos muestra lo que creemos. Hacer suposiciones es sencillamente buscarse problemas, porque la mayoría de las suposiciones no son la verdad; son ficción. 

Una suposición conduce a otra suposición; sacamos precipitadamente una conclusión y nos tomamos nuestra historia muy personalmente. Entonces culpamos a otras personas. Las suposiciones no son más que mentiras que nos decimos a nosotros mismos. 

Hacer suposiciones no es otra cosa que buscar un drama cuando no existe ninguno. 
El  no tomarte nada personalmente te proporciona  inmunidad en la interacción con otras personas, no hacer suposiciones te proporciona inmunidad en la interacción  contigo mismo, con tu voz del conocimiento, o con lo que llamamos pensar. 

Si no hacemos suposiciones podemos centrar nuestra atención en la verdad, no en lo que creemos que es la verdad. Entonces vemos la vida tal como es, no como queremos verla

Extracto del libro de Don Miguel Ruíz "El Quinto Acuerdo"

Continuará ...
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