¿Puede ocurrir que una persona se haya encontrado con su alma gemela y aun así no la valore y desee tener relación sexual con otras personas, e incluso le sea infiel?
Sí. Cuando no hay una firmeza en los sentimientos, cuando no se lucha por cuidarlos y desarrollarlos y se permite que los egosentimientos se interpongan, suele ocurrir. En los espíritus poco sensibles a los sentimientos, el instinto biológico sexual predomina sobre el escasamente desarrollado sentimiento y esto hace que se busque más la satisfacción del cuerpo que la felicidad del espíritu. El deseo sexual en esta etapa se despierta fundamentalmente por el atractivo físico y la novedad. Cuando hay una satisfacción del cuerpo se pierde el interés por esa relación y se buscan nuevas relaciones. En este momento no hay una preferencia especial por nadie en particular. A medida que el espíritu avanza en el desarrollo de los sentimientos se aburre de la relación puramente sexual, puesto que una vez satisfecho el deseo siente un vacío en el interior, y busca algo más en una relación, esto es, amar y ser amado. Y aquí es donde entra en juego la afinidad sentimental, puesto que si ésta no existe, no se llega a alcanzar la plenitud del interior. Comienza entonces la lucha por los sentimientos, por encontrar la felicidad en la relación de pareja. En este camino el espíritu vivirá innumerables experiencias de relaciones personales, donde experimentará de todo, instintos, sentimientos y egosentimientos, y en función del grado de felicidad y de infelicidad que vaya experimentando irá poco a poco perfeccionando su sensibilidad y su capacidad de amar. Irá desechando los egosentimientos e irá desarrollando los sentimientos de amor. Tendrá cada vez más claro cuáles son sus sentimientos y también será más firme a la hora de vivir de acuerdo con lo que siente. También irá poco a poco mostrando más respeto por la libertad de sentimiento de los demás. 


¿Cuáles son los egosentimientos más importantes que interfieren en los sentimientos de pareja?
Los hay diferentes. El principal es el apego y de él derivan otros egosentimientos como la absorbencia y el victimismo, los celos, el resentimiento y el despecho, la obsesión sentimental, la culpabilidad en el amor, el miedo al amor y la confusión sentimental. 


¿Puedes explicarme en qué consiste cada uno de estos egosentimientos?
Sí, claro. Empecemos por el apego. Aunque ya hablamos de él anteriormente lo haremos ahora con mayor profundidad. El apego es lo que comúnmente se conoce como "amor posesivo". La persona que sufre de apego asume que cuando se crea un vínculo de pareja éste obliga a los cónyuges a ceder parte de su voluntad y libertad en favor del otro y, al mismo tiempo, que se adquieren derechos sobre la voluntad y la libertad del cónyuge. Podemos diferenciar dos facetas del apego, el apego activo y el apego pasivo. 


El apego activo se da en la persona que considera que el ser amado le pertenece en propiedad y que por ello tiene ciertos derechos sobre él. Se manifiesta como un deseo de poseer la voluntad de la otra persona y un afán de controlar su vida para que el otro haga lo que uno desea. Es decir, las personas con apego activo se creen con derecho a imponer su voluntad sobre la voluntad de su pareja. Quieren tener alguien que satisfaga sus deseos, que les complazca, y se creen con derecho a exigirlo del otro porque consideran que esto forma parte de las obligaciones de la relación de pareja. El apego pasivo es el que corresponde a la persona que permite que el cónyuge vulnere su libertad y voluntad porque cree que el vínculo de pareja le obliga a ello. La persona que sufre de apego pasivo tiene tendencia a volcarse en la satisfacción y la complacencia de la pareja, renunciando a su propia libertad y voluntad. 


La educación tradicional machista fomenta el apego en las dos variantes, pues aprueba el apego activo del hombre y educa a la mujer para que se amolde a vivir con apego pasivo. En una relación de pareja de tipo machista, el marido actuaría con apego activo, pues él se atribuye el derecho de dominar a la mujer, imponiéndole su voluntad y coartando su libertad, mientras que la mujer actuaría con apego pasivo pues se obliga a cederle al marido parte de su voluntad y su libertad. 


¿Quieres decir que, en general, el hombre tiende a actuar con apego activo y la mujer con apego pasivo?
No. Hay muchos casos que son a la inversa. También se puede dar el apego activo y pasivo en el mismo cónyuge y en ambos a la vez. El que exista apego activo o pasivo tiene que ver con el nivel evolutivo de cada espíritu. El apego activo se da con mayor preponderancia en la etapa de la vanidad, donde se conoce poco el amor y se desea y necesita más que se ama. Se busca en la relación de pareja que el otro satisfaga los deseos y necesidades de uno mismo. Si ese espíritu en la etapa de la vanidad encarna como hombre aprovechará la educación machista para justificar su actitud de dominancia, y si es mujer buscará también dominar con otras armas. 


El apego pasivo se da más habitualmente en el orgulloso por la necesidad que tiene de ser amado y por la mayor capacidad de amar que tiene. Cree que si se esfuerza por complacer al otro va a conseguir que le ame y como tiene gran capacidad de amar se entrega mucho en la relación, hasta el extremo de renunciar a su libertad y su voluntad. 


¿Cómo se puede superar el apego?
El apego activo se supera cuando se toma conciencia de que una cosa es el querer y otra el querer poseer. Que si amas a alguien de verdad has de empezar por respetar su voluntad y su libertad en todas las facetas de su vida, tanto como te gusta que se respete tu libertad y tu voluntad. 


El apego pasivo se supera cuando se toma conciencia de que amar a alguien no implica renunciar a tu libertad ni a tu voluntad, y que no tiene sentido renunciar a ellas por querer conseguir que te quieran, porque si la persona te ama de verdad no te pedirá esa renuncia como condición para amarte. La persona que te exige un sacrificio para amarte en realidad no te ama ahora ni te amará después, porque los sentimientos verdaderos surgen espontáneamente, no están condicionados a que hagas algo determinado.


Continuará...

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Extracto del libro  "La ley del amor" - Las Leyes Espirituales II de  Vicent Guillem
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