Volvamos al tema en el que estábamos, sobre si el amor de pareja es egoísta y se contradice con alcanzar el amor incondicional. Si no es una enseñanza de Jesús, al menos la Iglesia lo ha interpretado de esta forma. Creo que se basan en una cita del evangelio (Lucas 14:26) en la que supuestamente Jesús dice: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”. Creo que la interpretación que hace la Iglesia de este texto es que para amar incondicionalmente al prójimo no puedes hacer distinción entre la pareja, la familia y el resto, porque esto te hace quedar atrapado por el amor de pareja y el amor a los hijos, y te impide una dedicación al prójimo más profunda. Creo que la Iglesia Católica exige a los sacerdotes el voto de castidad y el celibato por este motivo ¿Me equivoco?
Este texto que mencionas es una nefasta traducción de lo que Jesús dijo realmente. Cambiad la palabra aborrecer por la de desapegarse y entenderéis lo que él quería decir. Quiere decir que para alcanzar el amor incondicional (seguirle a él) es necesario vencer el apego, el amor posesivo, muy común dentro de las familias , porque a menudo esta forma egoísta de querer coarta la libertad del ser humano y le limita mucho a la hora de entregarse a una misión de amor incondicional al prójimo. Por tanto, la interpretación que se hace de lo que Jesús dijo es totalmente contraria a la realidad. Yo os digo que el que no ha experimentado el amor de pareja no puede experimentar el amor al prójimo incondicional. Los sentimientos de amor de pareja, cuando uno lucha por ellos, son lo más fuerte que existe. Esos sentimientos son los que ayudan a seguir adelante en la vida. Para desempeñar una misión de entrega a los demás como la que desempeñó Jesús, necesitaba una fuerza interior. Esta fuerza interior la tenía porque estaba seguro de lo que amaba, a quién amaba y por qué amaba. Yo os digo que todos los verdaderos enviados del mundo espiritual han sentido y vivido el amor de alma afín, y que de ese amor se han alimentado para desempeñar la labor que han realizado. Si uno niega estos sentimientos lo que ocurre es que se siente totalmente vacío y falto de valor y fortaleza, y ante las adversidades que implica una misión de ese tipo se viene abajo. 


Yo pensaba que estos seres se alimentaban del amor a Dios y que esto les era suficiente.
Su fe en Dios les da fuerzas, pero el ser en la etapa humana de evolución necesita del amor de un ser igual a él mismo, y este ser es el alma afín. ¿Por qué rechazar algo que aporta la felicidad y que llena al ser humano en todos los aspectos? ¿Dónde está el problema? Yo os digo que renunciar al amor de pareja, lejos de hacerle evolucionar, estanca al espíritu en su proceso de evolución. Los prejuicios que tenéis a este respecto, quiero decir, el pensar que el renunciar al amor de pareja te hace más evolucionado y con mayor capacidad de amar al prójimo, son una invención de la Iglesia para subyugar la voluntad del ser humano y son contrarios a las Leyes Espirituales, porque obstaculizan la libertad de sentimiento e impiden al ser humano alcanzar la felicidad. 


¿Pero no es cierto que a veces la pareja puede ser un obstáculo en una labor de ayuda al prójimo intensa?
No es el hecho de tener pareja en sí lo que obstaculiza esa labor sino cuando, por culpa del apego, uno de los miembros de la pareja se cree con el derecho coartar la libertad del otro y lo retiene porque lo cree de su propiedad y ve a los demás como adversarios que le roban su atención. Esto ocurre frecuente cuando alguien se ha unido a una pareja que no le es afín. De la falta de afinidad surge la incomprensión y la divergencia de motivaciones en la vida. También se puede dar en el seno de una pareja compuesta por almas afines si se interponen los egosentimientos, principalmente el apego, pero también otros como el miedo. Generalmente, se trata del miedo al sufrimiento del ser amado, o el miedo a perderlo si se entrega a una misión que le pone en peligro. Cuando la pareja es afín y se han vencido los miedos y otras manifestaciones del egoísmo, no supone ningún obstáculo. Todo lo contrario. Si coinciden en encarnar juntos, se implican ambos en la misión con la misma intensidad. Eso hace que la misión sea mucho más profunda, puesto que el amor mutuo les fortalece, reconforta y les dulcifica todas las amarguras del camino que han elegido vivir. 


Pero según parece Jesús no tuvo en vida ninguna pareja y esto no le impidió amar a prójimo y desempeñar su misión ¿no?
Ya hemos hablado de esto anteriormente. Jesús es como todos. También tiene su alma afín, pero no encarnó simultáneamente con él, lo cual no quiere decir que él no mantuviera contacto con ella. Para los seres del nivel evolutivo de Jesús, el hecho de que el ser amado no esté encarnado con él simultáneamente no supone un obstáculo insalvable, pues debido a su capacidad y sensibilidad tienen relativa facilidad par desprenderse del plano material y pueden así contactar con sus seres afines en el plano espiritual. 


¿Entonces no es egoísta querer más a unas personas que a otras?
Llamas egoísmo a lo que simplemente son diferencias de afinidad. Siempre es más fácil querer a alguien que es afín que a alguien que no lo es. Sólo cuando el espíritu es muy avanzado es capaz de querer con la misma intensidad a seres con los cuales tiene diferencias en afinidad. Yo te digo que para experimentar el amor al prójimo de forma incondicional hace falta primero haber vivido el amor del alma afín, pues este amor es la fuerza que le alimenta para amar a los demás. Por tanto, el que quiere amar incondicionalmente al prójimo pero reprime o anula el amor de pareja nunca podrá alcanzar un amor al prójimo verdadero, pues al faltarle la fuente de la que se alimenta su interior se vaciará rápidamente al darse a los demás cuando empiecen a darse las primeras muestras de ingratitud. Para llegar al décimo grado, hay que empezar por el primero, y pasar por los grados intermedios. Pero parece que vosotros creéis que ya habéis llegado al diez sin tener claro cuál es el uno, quiero decir, que si todavía le negáis el amor a los que os son afines, como ocurre con el amor de alma gemela, ¿cómo queréis amar a los que no lo son? 


Pero es que no es tan fácil acertar y dar con el amor verdadero a la primera
Con mayor motivo, porque no es fácil acertar deberíais permitiros el poder dar marchar atrás una vez tomáis conciencia de que no estáis enamorados. Lo realmente triste no es que se produzcan uniones sin amor, sino que os esforcéis tanto en prolongarlas a la fuerza, estableciendo cadenas terrenales que os impiden liberaros ellas una vez tomáis conciencia de que no hay amor. 


Creo que la juventud tiene más claro que es libre para decidir con quien quiere y no quiere estar y no tiene tantas dudas para dejar una relación si no desea continuarla.
Sí, es cierto. La juventud tiene más libertad ahora, sobre todo en los países occidentales, porque no ha vivido una educación tan represiva. Sobre todo gozan de mayor libertad en la sexualidad y saben que el hecho de mantener relaciones sexuales con una persona no les obliga a estar con ella para toda la vida. Y eso es algo bueno. El problema de la juventud no es tanto el dejar las relaciones cuando lo desean, sino saber cómo encontrar el amor verdadero, porque mayoritariamente se unen por motivos diferentes al amor. A pesar de tener más libertad en la vida, no la están aprovechando para desarrollar los sentimientos. 


¿Y por qué motivos se unen?
Lo que predominan son las uniones por atracción física, sobre todo en la adolescencia, o por similitud de intereses mentales. Se valora por encima de todo el atractivo físico y también el ser importante. Por eso las personas con atractivo sexual, fama, dinero, son muy deseadas como pareja. Los jóvenes físicamente atractivos se sienten satisfechos porque su físico agraciado les garantiza tener pretendientes y suelen escoger también según el atractivo físico. Las relaciones de pareja suelen ser fugaces porque una vez se ha satisfecho el instinto sexual se pierde el interés y se busca otra relación más novedosa. Pero la sexualidad practicada sin amor pasa factura, porque en aquellas personas más sensibles genera un vacío en el interior y es la causa por la cual muchas personas jóvenes se sumen en profundas depresiones, pues intentan llenar con sexo lo que sólo se puede llenar con sentimientos. Por otra parte, el que es menos atractivo, deseando lo mismo, se siente frustrado en sus intenciones, pues tiene más dificultades para conseguir lo que desea , porque lo que más se valora es el atractivo físico que él no posee. Vive acomplejado por su aspecto físico y se siente menospreciado y con pocas posibilidades de encontrar pareja. Los complejos y las represiones a consecuencia del aspecto físico, traen como consecuencia depresiones y trastornos graves como la anorexia y la bulimia, por el deseo de ser más delgado y aumentar el atractivo para gustar más. 


¿Por qué les ocurre esto a los jóvenes, si han vivido una época de mayor libertad?
Ahora hay mayor libertad sexual, pero todavía no hay libertad de sentimiento, puesto que todavía queda por vencer la represión sentimental. Vuestra forma de educar a los hijos es todavía muy materialista y poco espiritual. Los niños no son educados todavía lo suficientemente en los sentimientos. No se les enseña en la vida a buscar la felicidad a través de desarrollar los sentimientos, no se les ha enseñado a valorar el amor ni a tener una perspectiva de la vida de tipo espiritual. Por un lado se les desarrolla mucho la mente, la inteligencia y se les enseñan conocimientos que les van a servir para tener una profesión en la vida. Esto es la formación académica en las escuelas. Fuera de la escuela, lo que se vive en las familias y lo que se transmite a través de los medios de comunicación y las relaciones sociales es que la felicidad se consigue a través de la satisfacción de la vanidad. Es decir, se les enseña a valorar las cualidades externas que a uno le hacen destacar sobre los demás, como el atractivo físico la inteligencia, el tener éxito, fama, poder y dinero. Muchos jóvenes se han refugiado en la satisfacción del capricho y del placer, en las diversiones, en el sexo sin sentimiento, en las drogas, como forma de evadirse ante el vacío e insatisfacción que sienten en la vida. Intentan llenar con placer y diversión lo que corresponde ser llenado con sentimiento, y ante la ausencia de sentimiento, el interior se deprime. Una gran parte de la juventud sufre porque está atrapada por el deseo de satisfacer su vanidad y porque su sensibilidad hacia los sentimientos está reprimida o anulada. Les falta encontrar un sentido a la vida Los jóvenes de esta época necesitan comprender que la vida sí tiene un sentido más allá de divertirse con la satisfacción del capricho y del placer. Que para llenarse verdaderamente necesitan desarrollar y vivir los sentimientos en completa libertad, y también la espiritualidad. Sólo así conseguirán ser felices 


Algunas personas tienen el concepto de que el motivo por el cual la juventud se ha inclinado al consumismo, a la banalidad y a la promiscuidad sexual es que se han perdido los valores morales del pasado, que ha habido un retroceso en lo espiritual ¿Están en lo cierto?
No. Ya lo hemos dicho, se refugian en lo material para escapar del vacío del interior. Las cosas no fueron nunca mejores en el pasado. Si la juventud del pasado no reflejó las mismas actitudes no era porque sus valores fueran mejores que los actuales, sino porque estaban más reprimidos y pasaban más penurias económicas. El puritanismo religioso asfixiaba el desarrollo libre de la sexualidad y la condenaba a la clandestinidad. Los jóvenes no eran libres ni en los sentimientos ni en la sexualidad y vivían reprimidos y atemorizados, pues a los ojos del puritanismo religioso todo era pecado. Antes se reprimía la sexualidad casi completamente y sólo se consentía en el seno de los matrimonios. Y como en muchos matrimonios no había amor sino que eran una imposición, las experiencias sexuales para muchas personas eran horribles y traumáticas. Muchas personas tenían una doble vida, la que se daba de cara al exterior para mantener las apariencias sociales y la oculta, donde muchos encontraban una válvula de escape a una vida llena de tabúes y represiones. Esta forma de actuar, la de la doble moral todavía perdura en la actualidad, sobre todo en la gente mayor que ha vivido una educación represiva, acostumbrada a tener dos caras por el temor al qué dirán. 




Continuará...

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Extracto del libro  “La ley del amor” - Las Leyes Espirituales II de  Vicent Guillem
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