Dios escribe recto con líneas torcidas. Albert Einstein

Gracias a que, por casualidad, aquella mujer descubrió la carta que él tenía sobre su escritorio, estalló la crisis. --¿Cómo pude olvidarme y dejar allí la carta?--, se preguntaba él, mientras salía de la casa en plena lluvia, --¿cómo pude ser tan torpe e insensato?--, se decía mientras conducía por aquella interminable carretera...


Con el paso de los años, aquel despiste fue recordado por ambos como un catalizador que hizo renacer sus vidas y renovar una situación que había devenido infernal. Poco a poco, lo que pareció ser una maldición basada en el insólito olvido del documento fue, posteriormente, recordado como el suceso mágico que daría la vuelta a sus vidas haciéndolas salir del estancamiento y reabriendo un nuevo ciclo con todas sus consecuencias. 

Despistes, errores de dirección, olvidos de algo importante, llegar tarde a un sitio, tropezarse y romper, perder algo clave, hacerse una herida y toda una larga lista de aparentes casualidades, a veces, desencadenan re-orientaciones con sabor a destino. Ante ellas, uno aprende que aquel que en el fondo no quiere fumar, se le olvidan los cigarrillos o bien pierde las cerillas. Uno aprende a intuir qué incidencias “traerán cola” y cuáles parecen intrascendentes. Conforme se indaga en la vida de los seres humanos, se descubren testimonios de despiste que señalan causalidades de “causa”, no de “casual” que, sin pretenderlo, han cambiado el rumbo vital de forma insospechada.

Y, ¿acaso pensamos que haciendo las cosas con fría previsión y cálculo habríamos diseñado un guión de la vida futura, mejor que el sucedido tras el fallo y las consecuencias derivadas?, ¿qué extraña fuerza, al parecer super inteligente, mueve al inconsciente personal hacia el “despiste clave”?, ¿qué mágico poder “desenchufa” el control del sujeto en el momento único e irrepetible en que se desencadenará el “accidente de diseño”? 

Más tarde, cuando todo ha pasado, los sujetos que han logrado darse cuenta del juego que subyace tras experimentar este tipo de sucesos y reconocen la sutileza de un Principio de Orden Superior. En otras palabras: Dios. Ese Dios que la humanidad madura ya no proyecta como una macro-figura personal, sino como Inteligencia Universal de un Cosmos en el que vivimos, somos y tenemos el Ser.

¿Por qué muchos de los cambios de rumbo se basan en pequeñas incidencias?, ¿por qué el mundo se renueva tan a menudo a través de sucesos torpes o geniales, tan pequeños como mágicos?, ¿por qué la aparente desgracia se convierte más tarde en algo por lo que dar las gracias durante toda la vida? Las respuestas a tales preguntas entran en el ámbito del silencio, tal vez porque tratan de revelar la grandeza del Misterio de la vida. Un profundo silencio es lo único que da respuesta a algo tan inefable como lúcido, capaz de omni-abarcar todos y cada uno de los infinitos brazos del Universo que la mente racional, en su pequeñez y miopía, jamás habría logrado contemplar.

Si nos equivocamos, convendrá aprender a reírse, aunque, al principio, no veamos el luminoso alcance de lo sucedido. La experiencia dice que muchos despistes que experimentan las personas de carácter controlador suelen estar cargados de destino. ¿Acaso la mano del Ángel está detrás con su magia suprema? Una mano blanca que reconduce al durmiente hacia experiencias que su alma debe vivir en el curso de su aprendizaje. Detrás de los fallos inocentes se halla la reverberación del Ser. Su escritura, a veces sinuosa e insospechada, abre la ventana de nuestra vida a las brisas del alba. 


Extracto de Inteligencia del Alma- José María Doria
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