Háblame de la envidia.
La envidia es el egosentimiento que se manifiesta como aversión o rechazo hacia aquellos que poseen algo que uno desea conseguir. Ese algo puede ser una posesión material o una cualidad material, mental o espiritual. Es decir, se puede envidiar a alguien por su riqueza (posesión material), por su belleza (cualidad material), por su inteligencia (cualidad mental), por su bondad o por su capacidad de amar (cualidades espirituales).

La envidia está muy acentuada en la vanidad, puesto que nace del deseo de ser más que los demás, lo cual hace que uno mismo se compare constantemente con los demás con la intención de ser más que los demás. La persona atrapada por la envidia es capaz de urdir cualquier plan para humillar, perjudicar o criticar a aquel al que envidia. El envidioso se alegra de las desgracias de los demás y se entristece con sus alegrías.

¿Se manifiesta la envidia de igual forma en los diferentes niveles de avance espiritual, o hay matices?
Hay matices. La envidia por cuestiones materiales suele ser característica de la etapa de la vanidad primitiva hasta la avanzada, mientras que la envidia que se despierta por cualidades espirituales se da a partir de la vanidad avanzada y el orgullo, e incluso en la soberbia. El vanidoso avanzado puede envidiar tanto lo material como lo espiritual. El orgulloso envida sobre todo lo espiritual y sentimental.

¿Cómo se manifiesta la envidia en el vanidoso exactamente?
El vanidoso envidia a aquellos que poseen bienes o cualidades que él mismo no tiene. El vanidoso envidioso tiene tendencia a humillar a aquel al que envidia, a difamarle y a criticarle frente a los demás para crear una mala imagen de él. Es decir, transforma la realidad para hacer creer a los demás que está siendo perjudicado por el envidiado o para justificar o encubrir sus agresiones hacia aquella persona a la que envidia. Intentarán conseguir sus propósitos de desacreditar a las personas que envidian a través de la sugestión, la manipulación, el victimismo, la falsedad y el engaño. Si no lo consiguen de esta forma pueden recurrir a medidas más directas, como la agresión verbal, la intimidación, el chantaje, la coacción e incluso la violencia física. Se autoconvencen de que tienen la razón y de que sus odios y animadversiones son justificados. Por encima de todo está la satisfacción de su deseo y no tienen en cuenta el daño que puede estar provocando en los otros.

¿Cómo se manifiesta la envidia en el orgulloso y qué es lo que envidia exactamente?
El orgulloso, al contrario que el vanidoso, no suele envidiar a la gente por lo que tiene materialmente, sino más bien por cuestiones relacionadas con los sentimientos. La mayor causa de envidia del orgulloso son las relaciones de sentimientos. Si no ha encontrado todavía el amor y no es feliz puede tener envidia de los sentimientos de amor que existen entre otras personas. Pongamos un ejemplo. El orgulloso envidioso se enamora de una persona. Si esta persona no le corresponde porque ama a otra entonces el envidioso, envidiará al receptor de ese amor, por considerar que el otro tiene lo que él desea para sí mismo. Es decir, despertará una animadversión por aquella persona a la que él considera su competidor, porque considera que le ha desposeído de su amor. El orgulloso atrapado por su envidia de los sentimientos se esfuerza para no dar a conocer su realidad sentimental. Oculta a los demás cuáles son sus sentimientos, al mismo tiempo que sutilmente trata de conseguir lo que quiere, sin manifestarlo abiertamente, pues tiene miedo al rechazo. Tratará de hacer más meritos que su supuesto rival para conquistar a la persona que supuestamente ama. Puede hacer uso de la galantería, los buenos modos, las sugestiones, el encanto y la persuasión. Ante la imposibilidad de conseguir su objetivo se encierra en sí mismo en la tristeza, en la rabia, en la impotencia. Se aísla y rechaza la ayuda que se le puede prestar para salir de su situación. Puede llegar a provocar heridas en los sentimientos de mayor profundidad que el vanidoso, porque conoce mejor los sentimientos y puede utilizar su conocimiento para hacer daño en los sentimientos. Por ejemplo puede llegar a urdir tramas para generar discordia entre la pareja y dar a entender a la persona objeto de su amor, que su pareja en realidad no la ama realmente. Si consiguen sembrar la duda aprovecharán para convertirse en los sustitutos. Cegado por la envidia, no repara en que está vulnerando el libre albedrío del ser al que supuestamente ama pues no respeta su voluntad ni admite que los sentimientos de la persona amada se dirijan a otra persona y no a él.

¿Cómo se puede superar la envidia?
Primero, admitiendo que se tiene envidia, reconociéndola. El orgulloso es más consciente de que envidia que el vanidoso, pues es más conocedor de los egosentimientos. Desgraciadamente, la envidia es un egosentimiento muy frecuente en vuestro mundo y la mayoría de los envidiosos no se reconocen como tales, con lo cual se estancan, pues el que no reconoce su mal hábito no puede proceder a su modificación. Para vencer la envidia hay que renunciar al deseo de ser más que los demás, renunciar al deseo de poseer lo que los demás tienen y tomar conciencia de que la felicidad no depende de arrebatar nada a los demás, sino de despertar las propias cualidades y sentimientos. Todo lo contrario, tanto la perfidia como la envidia son una gran causa de infelicidad, una enfermedad del interior, puesto que alimentan los egosentimientos más perniciosos y más contrarios al amor al prójimo, porque generan rechazo hacia los demás, que puede ser de mayor o menor intensidad. Puede ir desde la antipatía, la repulsión y el rencor hasta el odio. La imposibilidad conseguir aquello que uno desea genera también rabia, impotencia y tristeza.

¿Y cómo podemos superar la perfidia?
Es un mal que tiene difícil solución a través de la comprensión y la toma de conciencia, pues el que padece de perfidia actúa con plena conciencia de que está causando daño. Las personas pérfidas son seres muy obcecados en generar sufrimiento. Generalmente hasta que no sufren en sí mismos aquello que hicieron a los demás no empiezan a conmoverse. En esos momentos de debilidad y vulnerabilidad un acto de amor incondicional y desinteresado hacia ellos por parte de aquellos que fueron sus víctimas en el pasado puede ser el detonante de su cambio, porque descoloca todos sus esquemas mentales. Son seres acostumbrados a actuar siempre de forma interesada. No pueden asimilar que aquellos a los que tanto daño hizo, teniendo la posibilidad de vengarse, decidan perdonarlos y ayudarles. Es entonces cuando la perfidia se suele venir abajo y suele quedar substituida por un sentimiento de lealtad inquebrantable hacia sus antiguas víctimas que le concedieron el perdón y le socorrieron cuando estaba necesitado de ayuda, a pesar de saber ellos que no eran merecedores de clemencia ni de socorro.

Háblame ahora de la ambición.
La ambición es un deseo poderoso de querer poseer o dominar. Si la posesión que se ambiciona es de tipo material entonces se manifiesta en forma de codicia y avaricia. Es decir, que la codicia y la avaricia son en realidad variantes de la ambición. La ambición de poder y dominio sobre territorios y personas es otra variante de la ambición. El ambicioso también suele ser envidioso, porque aspira a conseguir estar por encima de todo y de todos y no permite que nadie le haga sombra. El ambicioso nunca está conforme con lo que va adquiriendo y siente un deseo insatisfecho de poseer cada vez más. Cree que al ir consiguiendo los objetivos que se propone va a conseguir ser feliz. Sin embargo una vez consigue lo que se propone no se conforma, sino que siempre quiere más. Entonces busca un objetivo todavía más desmedido y difícil de conseguir.

¿Pero no hay personas que ambicionan objetivos nobles, como la paz mundial o la erradicación del hambre o la guerra? ¿Actúan incorrectamente?
Eso no son ambiciones, sino aspiraciones. La diferencia entre la aspiración y la ambición en el sentido que aquí le estamos dando a la palabra es que el ambicioso no se mueve por ideales nobles sino egoístas, por eso no suele tener escrúpulos a la hora de actuar. El ambicioso jamás se detiene en su afán de poseer y dominar, porque nunca está satisfecho con lo que tiene. Es decir, que la ambición es insaciable y desmedida. El ambicioso no respeta ningún código ético ni moral. Tiene el concepto de que el fin justifica los medios, y por tanto no respeta el libre albedrío. Por eso suele imponer su criterio a los demás y no admite el fracaso. Se enfada muchísimo cuando sus expectativas no se ven satisfechas y suele buscar formas más agresivas y dañinas para tratar de conseguir su objetivo. Es decir, si no puede conseguir lo que quiere por las buenas, entonces lo hace por las malas. Por eso pocas veces se satisface la ambición sin perjuicio para los demás.

¿Cómo se supera la ambición?
Tomando conciencia de que ese deseo poderoso de querer poseer o dominar no lleva a la felicidad, sino que sólo genera turbación y desasosiego en uno mismo y sufrimientos de todo tipo en los demás. La ambición desmedida es una manifestación del egoísmo sumamente perniciosa. Las personas dominadas por la ambición desmedida son las que causan un mayor daño y sufrimiento a la humanidad, pero también gran endeudamiento kármico para sí mismos. Los grandes criminales de la humanidad son los poderosos que pretender ser los dueños del mundo material, que mueven los hilos de la política y de las finanzas internacionales a su antojo, ya que en su afán de dominar el mundo no vacilan en tomar decisiones que van a generar sufrimiento y muerte a millones de personas, si con ello su riqueza y poder se ven incrementados. Pero no caen en la cuenta de que todo ese sufrimiento que generaron se volverá contra ellos cuando retornen al plano espiritual,
Todo lo que se han afanado en conseguir, todo, absolutamente todo lo perderán al dejar el mundo material, y lo que se van a encontrar cuando pasen al mundo espiritual es una enorme deuda kármica, que empezará por la experimentación en sí mismos de todo el sufrimiento que han generado en los demás. Y hasta que no hayan reparado todo el mal que hicieron no dejará de sufrir su espíritu, lo cual les puede costar tanto tiempo que les puede llegar a parecer una eternidad.


Continuará...


Extracto del libro  "La ley del amor" - Las Leyes Espirituales II de  Vicent Guillem
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