El juego de la victima. Lo que mal empieza… mal acaba, decían los sabios abuelos. Los coleccionistas de agravios, son personas obsesivas por guardar todo aquello que les reafirme su posición de vida de victimas.

Las victimas en un apartado de su mente han colocado un cajón, en el cual, guardan con doble llave las experiencias negativas, los desengaños y los momentos difíciles o dolorosos que han vivido y en el momento oportuno ¡zas!, abren el cajón y sacan de él lo necesario para poner en evidencia su condición de víctimas y los argumentos para chantajear a la pareja, a los hijos, a aquellas personas a quienes les rodean. 

Mantener archivadas las experiencias negativas, conservar las cuentas pendientes con el "ser amado", pone en evidencia la existencia de rencor y resentimiento, sentimientos que "envenenan" cualquier relación humana. 

Cuando se guardan resentimientos, cuando se "perdona" pero no se olvida, la relación se envenena y las personas entran en un juego interminable de cobrarse cuentas pendientes, que como resultado hace infelices a todos los involucrados: al que no olvida, porque el simple hecho de estar recordando las cosas negativas le amarga la vida y le impide la felicidad, y al que se le están echando en cara las cuentas pendientes, porque se siente agredido y manipulado cada vez que le presenten una factura de cobro. 

Un elemento importante para lograr la felicidad es el saber perdonar. 

¿Qué es perdonar? 


Es vaciar el cajón de los agravios, es dejar ir el veneno  “el acido daña mas al envase que lo contiene que al lugar donde se vierte”   Perdonar es dejar de ser “victima”, es dejar de lamerse las heridas, ya que toda herida cicatriza si la dejamos cicatrizar.

Cuando se tienen ganancias secundarias, los coleccionistas usan los agravios como “armas” para disparar contra su enemigo, son como balas que usan cuando menos lo esperan sus hijos, marido, esposa, padres, etc.
Son herramientas de chantaje y medios de manipulación, y es ahí cuando los coleccionistas “atesoran” sus agravios.
Perdonar es abrir una válvula de escape para permitir la salida del veneno acumulado por el rencor y el resentimiento. 

Cuando una persona perdona, no está ayudando a quien la ofendió, se está ayudando a sí misma, porque se está deshaciendo de los sentimientos negativos y está recuperando el equilibrio y la paz interior. 

En toda relación humana se generan problemas y desacuerdos, se producen situaciones que pueden causar molestia y enojo, pero eso no implica que se tengan que quedar cuentas pendientes. 

Hay dificultades y malos entendidos, incluso problemas graves de relación, pero si no se perdona, si se guarda rencor, la relación se va a corroer y la infelicidad de ambos va a ser la principal consecuencia. 

El perdón no es cuestión de razón. 

El perdón en muchas ocasiones aparece como algo "ilógico", hasta cierto punto irracional, pero lograr perdonar y liberarse del rencor tiene su lógica y su metodología. ¿Cómo evitar el círculo vicioso? Para evitar que esa cadena de resentimientos y agresiones se convierta en algo interminable, es necesario aprender a perdonar, sin condiciones, sincera y generosamente. 

Para poder llegar al perdón, cuando se ha sufrido una ofensa, es conveniente tomar en consideración los siguientes puntos: 

 Aceptar el dolor: Tratar de aparentar que "al cabo no me importa", es echarle tierra al asunto, pero debajo de esa tierra queda el resentimiento. Solamente reconociendo y aceptado el dolor se puede trabajar para eliminarlo de raíz. 

Evitar la competencia: En ocasiones se toma la actitud de "Si el otro me hizo, yo le hago...” . No se trata de ver a quién le va peor, pues esa es una actitud de: "yo pierdo y tú también", que resulta autodestructiva. 

Valorar la ganancia, no la pérdida. Perdonar implica recuperar la paz interior, el equilibrio emocional. Al perdonar, la más beneficiada es la persona que otorga el perdón porque se deshace de los sentimientos negativos. 

Buscar soluciones, no al culpable: Lo importante al perdonar es encontrar la manera de restablecer la relación y mejorarla, en vez de identificar quién tiene la culpa de que las cosas no marchen bien. 

Evitar poner condiciones: Cuando se ponen condiciones, se corre el riesgo de caer en el chantaje. "Te perdono si tú haces esto o aquello". "Cuando vea que cambiaste, entonces te perdonaré". Estos planteamientos implican una compensación o una especie de desquite y mantienen vivas las actitudes negativas. 

Regalar en vez de cobrar: El perdón es un regalo, no es una factura que más tarde se va a cobrar. Perdonar implica decirle al otro: "te perdono, sin pedir nada a cambio". Si se pide algo a cambio, si se cobra ya no hay perdón, hay transacción. El perdón es como el amor, simplemente se da como un regalo, sin condiciones. 

Cuando se toman actitudes de desquite, cuando se guardan cuentas pendientes, cuando se entra en un juego de "toma y saca", se está cultivando la infelicidad. 

¿Por qué estar luchando contra nuestra propia felicidad? El perdón generoso, desinteresado, es una excelente inversión, ¡se está invirtiendo en la propia felicidad!

Autor: Dr. Jorge Garva

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