Claves para que los hombres alcancen la felicidad y la paz interior

Esto que voy a escribir, es un secreto que ha estado guardado en un cofre, escondido en lo más recóndito de nuestro subconsciente masculino colectivo desde tiempos inmemoriales.

Yo mismo lo he descubierto después de muchos fracasos y frustraciones.

No es que sea un iluminado o un sabio, sino que un buen día me puse a meditar, no a pensar superficialmente, sino a ahondar en el tema y así surgió este texto que hoy les escribo.

Como no nací negociante, no he de cobrarles nada por revelárselos.

HOMBRE: Lo primero que debes saber, la primera verdad de la que debes darte cuenta es que quien tienes al lado, quien forma pareja contigo, no es una muñeca de caucho, cuya única función es la de saciar tus pulsiones sexuales.

No. Ella es un ser vivo, humano igual que tú. Tiene inteligencia, sentimientos, emociones y espiritualidad.

Esa mujer, que te acompaña, que a veces te apuntala y otras te regaña, te ama y necesita reciprocidad.

En tu día. Cada día de tu vida en compañía de ella, hazte un momento para mirarla profundamente a los ojos. Sumérgete en su mirada, re-conócela y re-conócete en esos ojos. No dejes pasar sin acariciar sus cabellos, besar sus mejillas, su frente, sus labios, sin erotismo, solo con ternura y por puro amor.

Haz que el tiempo se detenga y siéntate cómodamente frente a ella a escucharla. Necesita que la escuches; no que la oigas, que la escuches, con la mente abierta, no pensando sobre sus palabras, qué le vas a contestar. A veces un silencio también es un acto de amor…

Respeta profundamente sus ideas, sus pensamientos, valora y comparte sus sueños. No la menosprecies, por el contrario, aliéntala a ser cada vez más ella misma.

Dile, por lo menos una vez al día que la amas. Pero díselo verbalmente, articulando cada letra con lo más profundo de tu alma. Ella ya lo sabe, pero necesita escuchártelo decir.

Hazle saber que la tienes presente siempre. Halágala con un regalo, sorpréndela con una flor, una golosina, un mensaje.

Dile cuán bella está hoy. Siéntela dentro de ti y ábrete, exponte libremente y sin miedo al ridículo frente a sus ojos como su admirador más ferviente. Nada la hará más dichosa. 

Protégela y hazle saber que puede contar contigo incondicionalmente, pero sin apegarte a ella, sin sofocarla ni ahogarla.

Prodígale tu contención, pero sin reprimir sus emociones, ni sus impulsos y mucho menos sus sentimientos; tu abrazo viril, basta para arroparla cálidamente.

No la juzgues, ni mucho menos la agredas, trátala como a vaso frágil, de cristal, de porcelana. Porque eso es, un vaso frágil que contiene un Espíritu de Luz y Amor. Si destratas su cuerpo o su autoestima, la belleza se empaña y la Luz se torna en tinieblas de amargura y frustración. ¿Y tú no quieres eso para ella, verdad?


Desvístete hasta desnudarte de tus problemas, quejas y fastidios de la calle, justo entre la puerta de tu casa y la cancel, entra con las ropas del compañero de viaje, no con la armadura del guerrero. Si tu día fue malo, de ella no es la culpa. No descargues en su paciencia, las batallas que perdiste afuera. Antes, refúgiate en su dulzura, como quien se arrodilla a orar frente al altar de su Dios (toda mujer tiene algo de madre en su interior y te apaciguará solo con su presencia)

Si pones en práctica todo lo que aquí escribo y avalo una y otra vez, y aún así no te da resultado; pueden suceder dos cosas: una, que estés tan cerrado en tu sistema de creencias que no logres el objetivo y la otra, que estás con la persona equivocada. Para cualquiera de las dos situaciones, la solución es una sola: Apártate, recupera tu soledad y a ella, déjala ser. 

¡Estallarás de Felicidad y Paz, no lo dudes!

 Autor:  Ricardo Luis Cruceira Lobelos, Martes, 09 de agosto de 2011
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