La eterna duda. ¿Es recomendable compartir empleo con tu pareja o, por el contrario, es algo que suele empujar al fracaso? La leyenda dice que las parejas que trabajan juntos en demasiadas ocasiones sufren un desgaste insuperable en su relación.

Por un lado se puede entender. Probablemente en el trabajo podemos experimentar un número mayor de momentos de tensión o incluso de hastío que en ninguna otra circunstancia de nuestra vida en común. Y esto se ve acentuado cuando nuestro trabajo no es el que siempre hemos soñado o no nos llena por completo, lo que ocurre en el 75 % de los casos. Sin embargo, ¿es el hecho de trabajar con tu pareja lo que desgasta?

Evidentemente es definitivo el tipo de trabajo que se comparte. Algunas parejas se dedican a lo mismo pero sus caminos rara vez se cruzan, como es el caso de los deportistas. Otras en cambio comparten el mismo ambiente de trabajo a diario, amigos, problemas, experiencias, incluso jefe.

Veamos un ejemplo extremo, en el que no sólo se comparte profesión sino que a menudo las parejas tienen que competir entre sí: los jugadores de póker.

La vida del jugador de póker tiene fama de solitaria. El perfil preconcebido de un jugador es el de un hombre joven, soltero, sin grandes responsabilidades y, en cierta medida, indisciplinado. Es evidente que el cine ha influido mucho en nuestro juicio.

La realidad es bien distinta. Los jugadores de póker se mueven en un amplio rango de edad. Encontramos desde grandes jugadores profesionales octogenarios, hasta otros cuya edad aun no les permite jugar en determinados países torneos presenciales en los casinos y tienen que conformarse con jugar desde su ordenador. En cuanto a la disciplina, es justamente lo contrario, un buen jugador requiere de una gran responsabilidad y ocupa de muchas horas de trabajo y estudio. Y por último, el póker ya no se limita solamente a los hombres. Hay jugadoras de renombre mundial que se baten en las mejores mesas del circuito. Y como no podía ser de otra manera, hay compañeros de mesa que se han convertido en compañeros de vida.


Sin salir de nuestro país tenemos un ejemplo como son Ana Márquez y su novio, el norteamericano Bryn Kenney, grandes profesionales y pareja. Jennifer Harman y Marco Traniello, Mimi Tran y Barry Greenstein, Vanessa Rousso y Chad Brown, son otros casos de jugadores profesionales que han compartido su vida privada y laboral. En el caso de Tran y Greenstein, durante su relación, fue él quien la introdujo en el mundillo del póker.

Hay que destacar que en estos casos, la pareja comparte la pasión por su actividad. Quien se dedica profesionalmente al póker, no hay duda de que lo ama. Además, los propios jugadores afirman que en su profesión es más fácil mantener una relación estable si su pareja les ha conocido ya ejerciéndola. ¿Desgaste? Si incluso en una actividad en que las parejas se enfrentan, éstas pueden llegar a ser felices; no parece muy lógico eso de afirmar que trabajar juntos desgasta.

El ejemplo del poker es la muestra de que la clave está en saber separar la relación laboral de la relación sentimental: entender el trabajo, saber que hay que vivir la competencia como una competición sana, apoyar a nuestra pareja en lo bueno y en lo malo… Todo eso y grandes dosis de paciencia, algo que, por cierto, a los jugadores de póker no les falta.

 

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