Pero yo tenía entendido que amar es dar sin esperar nada a cambio. Pero parece que el amor de pareja es una excepción, porque sí tiene que haber algo a cambio, y es que el otro te corresponda.
Y sigue siendo cierto que el que ama verdaderamente lo hace sin esperar nada a cambio, pues no puede exigir ser correspondido en los sentimientos por la persona que ama, o en el caso de que fuera correspondido, no puede obligar al otro a que le reconozca sus sentimientos o que acceda a formar pareja con él si no es su voluntad. Es decir, debe respetar la voluntad y la libertad del otro y estar dispuesto a encajar un no por respuesta, aún a pesar de haber entregado su corazón. Pero sí es cierto que en el caso de la relación de pareja, para llegar a ser feliz es necesario que haya un amor correspondido, mutuo. El amar sin ser correspondido no permite ser feliz a ninguna de las dos personas. 


Tú has expuesto aquí diferentes motivaciones, distintas a los sentimientos, que pueden dar lugar a una unión de pareja. Has hablado de la atracción física, la conveniencia material, la emocional, la afinidad mental, la necesidad de ser amado, y la necesidad de amar. ¿Estas motivaciones se dan de forma independiente o pueden ir juntas? Quiero decir que si una persona se puede sentir atraída físicamente por otra al mismo tiempo que siente la necesidad de ser amada, por ejemplo.
Sí, claro. De hecho casi siempre suele haber una mezcla de motivaciones. La atracción física se suele combinar con casi todas las demás, pues el instinto biológico sexual está en todo ser humano, aunque a veces también está ausente. En realidad, según sea la capacidad de amar del espíritu predominan un tipo de motivaciones u otras. En los espíritus menos avanzados, que todavía conocen y valoran poco el amor, se dan más habitualmente cualquier combinación de las cuatro primeras: atracción física, conveniencia material, emocional y afinidad mental. En los espíritus más avanzados se dan más habitualmente combinaciones de la atracción física, con la necesidad de ser amado y la necesidad de amar. Y en una etapa intermedia pueden darse las combinaciones entre la atracción física, conveniencia emocional, afinidad mental, y necesidad de ser amado. También ocurre a veces que estas motivaciones no se dan simultáneamente, sino que aparecen en momentos distintos de la relación. Por ejemplo, una relación se puede iniciar por una atracción física y cuando ésta se apaga salen a relucir otros tipos de motivos para prolongarla, como puede ser la conveniencia material o emocional. 


Pues esto todavía complica más las cosas. Creo que no debe ser fácil, a la hora de analizar lo que uno siente, saber distinguir los sentimientos de todo lo demás. Por ejemplo, cuando existe una mezcla de atracción sexual, necesidad de amar y necesidad de ser amado entiendo que debe ser difícil saber lo que es amor y separarlo de lo que son las necesidades y los deseos.
En vuestro mundo es difícil para la inmensa mayoría, porque todavía no tenéis claridad ni firmeza en los sentimientos. Pero para eso está el proceso de evolución, para aprender de lo vivido y saber distinguir lo que es de lo que no es. 


Pero entiendo yo también que no todos los amores son iguales. Lo digo porque hay personas que dicen tener mucho cariño por su pareja, que se llevan muy bien, pero que no sienten la necesidad de tener relaciones sexuales con ella. ¿Qué está ocurriendo en esos casos?
Esta persona siente un amor fraternal por su cónyuge, como el que puede sentir por un hermano o un amigo, pero no está enamorada de él. No es un amor de pareja. Confunde unos sentimientos con otros. 


¿Y cómo se puede saber si el amor que uno siente es o no de pareja?
El que siente que falta algo en su relación para llenarse totalmente, aun cuando no haya disputas ni conflictos, sabe que no ha encontrado el amor verdadero. Cuando no se está unido al alma afín no hay una afinidad completa en la pareja. La falta de afinidad se manifiesta en todos los planos, en el sentimental, en el mental y en la sexualidad, y esto provoca un vacío en el interior que no se llena. El que ha experimentado en esta vida el amor de alma afín sabrá distinguirlo muy bien, pues solo el recordar al ser amado ya le hace vibrar por dentro, y sentirse lleno. El que todavía no ha vivido en esta vida el sentimiento que se despierta al reconocer a su alma afín puede tener más dudas. Tendrá que fiarse de lo que intuye espiritualmente, pues aunque no lo haya vivido en esta vida, los sentimientos entre almas afines jamás se destruyen y perduran en el espíritu para siempre dejando una huella imborrable, aunque al encarnar de nuevo la memoria de los recuerdos del pasado se pierda temporalmente. Esta intuición sentimental es la que le permite distinguir lo que es y lo que no es el amor verdadero. 


Perdona que insista pero ¿cómo puede uno distinguir entre un amor fraternal y un amor de alma gemela? ¿Acaso uno no se puede llenar cuando ama a los hermanos o a los hijos?
El que ve a su pareja como a un hermano y no como pareja ya sabe que no se trata de amor de pareja. Quiero decir que si uno tiene cariño por su pareja, como el que tiene por un hijo o un hermano, y no siente deseo sexual por ella, o cuando tiene relaciones sexuales con su pareja experimenta un vacío o no le nace entregarse en esa relación sino que puede prescindir de ella, el amor que siente es de tipo fraternal.


¿Y qué pasa si uno descubre que ama a su pareja fraternalmente y no como pareja? ¿Debe continuar o no con esa relación?
Si quiere ser feliz debería ser sincero consigo mismo y con su cónyuge respecto a lo que son y lo que no son sus sentimientos y obrar en consecuencia. No tiene sentido prolongar una relación de pareja cuando uno de los dos sabe que no está enamorado, porque ni es feliz ni puede hacer feliz al otro. Por ejemplo, el mantener relaciones sexuales sin desearlo será un motivo de sufrimiento para el uno y de insatisfacción para el otro. Y si para evitar ese mal trago dejan de tenerlas, ¿en qué les diferencia esto de una relación de hermandad? Es decir, esa persona quiere a su pareja como a un hermano y vive la relación como la viviría con un hermano. No tiene sentido que continúe la relación como pareja, pues tampoco vive con su hermano una relación de pareja.


Habrá personas que digan que queriendo a la pareja como a un hermano ya son felices y que mejor eso que nada. Es decir que se conforman con lo que tienen. ¿Están actuando correctamente
o no?
Hablar aquí de correcto o incorrecto no tiene sentido. Es mejor hablar de ser o no ser verdaderamente felices. Hay personas que se resignan a esta situación y se autoconvencen de que son felices así. Pero es un autoengaño, porque no es cierto. 


Hay personas a las que les cuesta dar el paso de separarse porque tienen sentimientos enfrentados, porque aunque reconocen que no están enamorados de su pareja le siguen teniendo gran afecto y no quieren perder el vínculo afectivo. ¿Qué les dirías?
El reconocer que no sentimos amor de pareja por el cónyuge no quiere decir necesariamente que le tengamos que tener aversión ni que le tengamos que apartar totalmente de nuestra vida. Simplemente hay que reconocer el tipo de sentimiento que tenemos por alguien y actuar para que nuestra vida se ajuste al tipo de sentimiento que tenemos. Si hay un sentimiento de amistad, esa amistad puede continuar sin que ello obligue a continuar la relación de pareja. Si no admitimos esta realidad llegaremos a sentir rechazo por esa persona, por el hecho de que nos obligamos a vivir una relación que no está en consonancia con nuestro sentimiento hacia ella. 


Muchas personas reconocen que no están enamoradas. Dicen que si fuera por ellos mismos sí darían el paso de separarse. Pero como no quieren hacer daño al otro, prefieren continuar la relación. ¿Qué me tienes que decir al respecto?
Que el daño se lo hacen prolongando la relación, pues si no lo aman no lo pueden hacer feliz. Si prolongan la relación les impiden encontrar una pareja que sí les corresponda en los sentimientos, además de que les están engañando, pues les hacen creer que los aman como pareja cuando en realidad no es cierto. La prolongación de la relación en esas circunstancias es más dañina que la ruptura, pues no existen lazos afectivos. Será una unión ficticia, de cara a la galería, una relación forzosa que generará sufrimiento en ambos. 


Hay personas que, si su pareja no está de acuerdo en dejar la relación, creen que deben continuarla porque consideran que como es un tema de pareja han de estar de acuerdo los dos en la decisión que han de tomar. ¿Están en lo cierto?
No. Con que uno de los miembros de la pareja no desee continuar la relación es suficiente para dejarla. No importa si el cónyuge no está de acuerdo con esa decisión. Nadie, ni el cónyuge, tiene derecho obligarla a continuar, pues sería una vulneración de su libre albedrío personal. Muchas veces este argumento no es más que una excusa que refleja que falta la valentía necesaria para dejar la relación, y se espera que el otro dé los pasos que uno no se atreve a dar. 


¿Pero no ocurre a menudo que cuando una persona le expone a su pareja que no está enamorada y que quiere dejar la relación, es la propia pareja la que se lo toma muy mal e insiste en continuar la relación a pesar de todo?
Es cierto, porque se niegan a admitir la realidad. Están acomodados, acostumbrados a esa relación y temen los cambios que se van a producir en su vida. Prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer. En eso influye mucho la educación que uno haya recibido, que si es de tipo tradicional considera que las rupturas de pareja, sobretodo si hay un contrato de matrimonio de por medio, son algo deshonroso para la reputación de una persona. También influye el apego o amor posesivo, ese egosentimiento que simula al amor, que hace que la persona que lo padece tenga tendencia a considerar a la pareja de su propiedad y que se toma muy mal el perder esa propiedad. A pesar de no ser feliz puede que se haya visto complacida en sus pretensiones y no está dispuesta a renunciar a lo que estaba acostumbrada y que cree que le pertenece. Lamentablemente, por culpa del apego hay muy poca gente que esté dispuesta a admitir un cambio de estatus sentimental. Es decir, no encajan pasar de ser pareja a ser amigo e interpretan como un rechazo o un desprecio el cambio de estatus. Como no respetan la voluntad del otro, en ocasiones intentan forzar la continuidad de la relación utilizando como armas el victimismo, la persuasión, el chantaje e incluso la agresión, causando a su ahora ex pareja un gran sufrimiento emocional y/o físico que refleja el poco amor que sentían por ella. La ex pareja muchas veces se ve forzada a evitar cualquier tipo de contacto para no ser agredida psíquica o físicamente, hasta el punto de que desearían no encontrarse jamás con quien una vez fue su pareja.


Continuará...

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Extracto del libro  "La ley del amor" - Las Leyes Espirituales II de  Vicent Guillem
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